miércoles, 4 de enero de 2017

La austeridad y la Virgen del Rocío


Mira que me tengo dicho que no me debo dejar liar por los asuntos de corto plazo, que ya estoy muy mayor para seguir "sulfurándome" con las cosas que pasan y se dicen...Pero es que no me dejan. Y es que ocurre que en los últimos tiempos, subidos en la carroza triunfal de las tasas de crecimiento de estos dos últimos años de la economía española, los economistas del gobierno y afines están tan henchidos de satisfacción que se diría que van a reventar ante el éxito de las políticas neoliberales que defienden. Políticas sencillas y comprensibles para todo el mundo y que se apoyan en dos "patas" más que argumentos:

1) la primera es la reforma de las regulaciones de los mercados de trabajo en contra de los trabajadores, que se ha traducido en la bajada de los salarios reales por hora de trabajo trabajada y no sólo contratada, o sea, los costes unitarios reales (bajada clara real se mida como quiera medirse, que cada vez me creo menos que lo que miden los institutos de estadística tenga algo que verr siquiera de lejos con este desventurado mundo real) y el empeoramiento general de las condiciones de trabajo.

El objetivo de esta política sería el aumento de las tasas de beneficio por unidad producida, como condición necesaria para que los capitalistas vean adecuado invertir, o como ellos gustan decir  "crear empleo" (¡Virgen Santa! ¡Qué altruistas! ¡Como si ése fuese realmente su objetivo!.  ¿Alguien puede creerse semejante estupidez? Pues lamentablemente, sí. Se lo cree  la mayoría del pueblo español: efecto sin duda de siglos de educación religiosa con su obliga exigencia de creer en lo que no se ve).

A lo que parece, la clase "emprendedora" nacional requiere una tasa de beneficio más alta que la que exigen las clases emprendoras de otros sitios para ponerse a "emprender", invertir o "crear empleo" , aunque menos mal que -todavía- parece no exige que sea tan alta como la exigida por la clase emprendedora china o vietnamita para ponerse a emprender, pero todo llegará.

2)  la segunda es la reforma del sector público, es decir, su progresivo desmantelamiento. El objetivo de esta política es darle espacio al sector privado, es decir, darle sectores en los que pueda "crear empleo", sustituyendo a la administración pública (y a los empleos públicos, de paso). Tiene su lógica, si bien se mira: si gracias a la reforma laboral, las tasas de beneficio por unidad producida son más elevadas, lo único que necesitan los capitalistas para tener muchos beneficios es vender muchas unidades, es decir, tener muchos mercados donde operar. 

Pues bien, a lo que parece, la clase emprendedora española, desde los tiempos de la dictadura, no se ha caracterizado por su capacidad de "descubrir" muchas nuevas áreas de negocio, así que lo mejor para ayudarle a "crear empleo" sería darle a explotar sectores ya "descubiertos"...como, por ejemplo, los que están a cargo del sector público. Aunque, por supuesto, ¡cómo no!, la justificación de esta política es que las empresas/trabajadores del sector privado lo hacen todo mejor (o sea, más eficientemente) que los funcionarios públicos, pues como todo el mundo sabe son vagos e ineficientes por definición, como ese "progre" dibujante llamado Forges lleva repitiendo desde hace décadas (me pregunto a qué tipo de médico es el que este señor acude cuando tenga una avería gorda. Si fuera consistente con sus opiniones no debiera nunca aceptar ninguno que trabajara en la sanidad pública). Policías, bomberos, soldados, profesores, investigadores, médicos de familia y oncólogos especializados,  enfermeras, asistentes sociales...no deben ser empleados públicos para este popular "analista" gráfico.

Como todo cliente de bancos, aseguradoras, constructoras, telefónicas, eléctricas, compañías sanitarias privadas, talleres de reparación, etc., sabe por experiencia repetida, es una gran mentira que las empresas privadas siempre lo hagan mejor que las administraciones públicas. Sin embargo, y a los hechos de los resultados electorales me remito, parece que esta política de desmantelamiento del sector público sí que ha gozado del pertinente mayoritario apoyo de la "ciudadanía" que cree a pies juntillas en esa ideología neoliberal, lo cual es lógico para los miembros de las clases emprendedoras que se benefician directamente de esa política, aunque en principio no lo sería tanto o no debería serlo para las clases "no emprendedoras", o sea, para las clases trabajadoras y los pensionistas. Tengo para mí que aquí, en esta asunción del neoliberalismo por parte de tantos trabajadores,  la envidia juega un papel muy importante. 

Simplemente, parece que muchos trabajadores del sector privado no pueden soportar que los del sector público tengan, tras las sucesivas reformas laborales, unas condiciones de trabajo algo más dignas que las suyas,    
(He de decir aquí, en honor de la verdad, que hay emprendores que han hallado nuevas áreas y sectores de negocio. No puedo sino alabar el gran número de emprendores que han descubierto nuevos sectores como el de panaderías, bares y restauración, herbolarios, talleres de reparación de bicicletas, turismo rural  y actividades como la manicura  y pedicura)

Pero como suele decirse, aunque esté mal dicho,  una cosa es la ideología, y la otra la realidad (está mal dicho porque la ideología, si es dominante, acaba creando la realidad) . Cierto, la "reforma" del mercado de trabajo y del sector público, o sea la austeridad para los trabajadores, les ha puesto las cosas que ni pintadas para los nuestros valientes y arriesgados "emprendedores", pero para que el emprendimiento tenga alguna perspectiva de éxito en una economía de mercado es necesario además que encuentre clientes, como ya recalcó Keynes hace ya 80 años, pues con sus gastos (o sea, los gastos de los propietarios del capital) no les basta para generar la suficiente demanda efectiva, como también señaló Kalecki hace 80 años. 

Y aquí, gracias sin duda al buen hacer de la amiga de la ministra de trabajo doña Fátima Báñez, la Virgen del Rocío que le ha echado una buena mano a los emprendedores españoles, los "emprendedores" españoles han podido gozar de los efectos directos e indirectos de:  
a) un comportamiento excelente de un sector turístico estimulado por los desmanes de esos auténticos "creadores de mercado" que son para nosotros los yihadistas y demás fundamentalistas musulmanes en el área del mediterráneo, 
b) el incumplimiento sistemático de los delirantes compromisos de deficit público impuestos por el eje franco-alemán,
c) la necesidad ineludible de reposición de capital fijo tanto de empresas como de economías domésticas tras años de tasas de inversión negativa, y
d) el tirón de las exportaciones 
e) la caída en los precios del petróleo con lo que la factura enérgética a pagar al exterior se ha reducido sustancialmente

Resulta obvia e innegable la mano de la Virgen del Rocío en todos estos hechos. Y la consecuencia de esa intervención milagrosa ha sido más que clara, prístina. La economía española ha salido de la crisis creando, además, un montón de empleo, precario eso sí (como se dice en jerga periodística, "de mierda" como se dice en la calle), pero empleo a fin de cuentas. Y a empleo "regalado" -por la Virgen- no hay que mirarle el diente, como dice el refrán (¿o sí?).

Por todo ello considero que sería hacerle un feo (además de un agravio comparativo, dado que ya el Gobierno del Partido Popular condecoró a otra Virgen, la del Pilar, por sus servicios a la seguridad del Estado) el no reconocerle a la Virgen del Rocío los servicios prestados a la economía nacional. Propongo por eso modestamente desde aquí el concederle a esta Virgen la Gran Medalla al Mérito del Trabajo con todos los distintivos del arco iris, que se la deberían imponer a dos manos, además, la ministra Báñez y el ministro don Luis de Guindos.    

Y es que gracias a ella han tenido los emprendedores españoles estos años la demanda que requerían sus emprededurías. Porque está claro que sin intervenciones divinas la austeridad que defiende la política neoliberal no funciona pues no es condición ni necesaria ni suficiente para salir de una crisis, al menos en un tiempo razonable.     

La ética protestante, el espíritu del capitalismo y la estética de los visillos y las cortinas en el norte de Europa

                                                                                                                   
                                                                                                      Una -pues hay varias- de esas singularidades de esos nuestros vecinos del norte de Europa, tan estirados, virtuosos, eficientes y condescendientes ellos,  que más nos sorprenden a los del sur es la generalizada ausencia de visillos y cortinas en sus pisos y casas. La consecuencia es que sus modos de vivir están a la vista de todo aquél que pase cerca de sus alojamientos. Y no sólo a la vista del curioso, del observador entomológico de costumbres o del sencillamente cotilla, sino también de la del del distraído paseante que, sin tener la menor intención de fisgonear la vida de los demás, ve como su mirada es asaltada, quiéralo o no, por esa impúdica exhibición de la intimidad de los demás.

A la hora de explicar tan sigular -para nosotros- comportamiento, me he encontrado con diversas explicaciones. Descartada por inane la que acude a la pobreza o la avaricia, dado que en esos países las gentes son mucho más ricas que las de los del sur, hay quienes aluden a razones climáticas. Hablan así de la escasa intensidad y duración diaria de la luz solar en esas latitudes como explicación a la ausencia de visillos, persianas y cortinas. Pues bien, me parece una explicación tonta. Por un lado resulta obvio que durante más de la mitad del año en esas latitudes tiene más horas de sol que en el sur, por lo que más bien debería ser lo contrario, es decir, que en esos países el uso de cortinas y visillos debería estar más generalizado aún si cabe. Que lo de la luz dista de ser una explicación convincente se comprueba cuando se cae en la cuenta de uno  de que en los dormitorios en esos países sí que hay cortinas. (aunque eso sí, a lo que parece la persiana, más eficiente en lo que respecta a interrumpir la irrupción de la luz solar o de las farolas, todavía les queda fuera de su comprensión -by the way, quizás sea éste un prometedor sector para nuestras exportaciones si los fabricantes de persianas hacen la adecuada y didáctica publicidad en esos países acerca de las ventajas del uso de tan compleja -para ellos- tecnología)

Pero, por otro, y de forma mucho más relevante, sucede que las persianas y demás "obstáculos" superpuestos a los cristales de ventanas y balcones son usados tanto o más para protegerse de la mirada de los demás que para protegerse de la luz solar, como lo atestigua el hecho de que aquí, en el sur, también echemos las cortinas o bajemos las persianas de nuestros salones de noche.

Y, ahora, mi explicación de tan singular costumbre. Es una hipótesis que se deriva en el plano de la estética de la maravillosa obra "La ética protestante y el espíritu del capitalismo" del gran sociólogo Max Weber. Una obra que no ha perdido ni un ápice de su poder de convicción y seducción desde que se públicó en 1904-5. Nada sustituye el leerla, pero para seguir la argumentación se impone ofrecer una explicación, siquiera esquelética por no decir fantasmal, de la tesis de Weber.

Para Weber, la ética defendida por Lutero (y más que por él, por Calvino) en sus enfrentamientos con la Iglesia Católica se fundaba en una interpretación extrema de una idea que, desde los tiempos de Agustín de Hipona, había malvivido en la doctrina cristiana: la idea de la predestinación. A fin de cuentas, si Dios es omnisapiente y para él no existe el tiempo, entonces se sigue lógicamente que Él sabe desde antes de la concepción de cada uno cuál va a ser su vida hasta el más mínimo, microscópico u ocuito detalle. Dios sabe por consiguiente cuál es el destino de cada uno, o lo que es lo mismo, de la omnisapiencia de Dios se deriva la idea de que cada uno está predestinado a la salvación o condenación eternas desde antes de su nacimiento.  La asunción de esta forma de entender la religión cristiana suponía para quienes lo hacían el vivir en una angustia cotidiana y permanente, pues ¿cómo saber que uno estaba entre los elegidos? Porque nada le garantizaba a nadie, ni siquiera la adopción de un comportamiento extremadamente virtuoso al cual uno sacrificase su vida, que al final no acabase encontrándose entre los malditos y condenados ya desde su nacimiento, pues -por ejemplo- bastaba un sólo mal pensamiento en el momento de la muerte para dar al traste con el valor de cambio de toda una vida de represión y autocontrol lejos del pecado para "comprar" una plaza, siquiera modesta, en el show eterno de esa sala de fiestas: el Paraíso. 

Para soportar esta angustia, esta incertidumbre, los seguidores de Lutero, Calvino y demás sectas protestantes elaboraron una doctrina tranquilizadora según la cual, existían signos o señales que mostraban la gracia divina. Uno de ellos, quizás el más importante, era el tener éxito económico. Con arreglo a esta idea, la consecución de riqueza se convirtió en la señal más clara y confiable de estar entre los elegidos por Dios para una vida en el paraíso del Más Allá; si bien, obviamente, esa riqueza no podía ser empleada para buscarse o construirse  una paraíso más pedrestre y terrenal, aquí en el Más Acá, pues tal cosa era pecaminosa.

Para la ética protestante, la riqueza era, por tanto, una señal de elección divina que, sin embargo, no podía ser empleada para sufragarse una vida placentera, como sí habían hecho los patricios de la antigüedad Clásica, los nobles medievales y los clérigos de la Iglesia Católica. La riqueza, para los protestantes, se convirtió así en un fin en sí mismo, en un objetivo del que -sin embargo- nunca debiera disfrutarse dándole "gusto al cuerpo o a la mente" , so pena de pecar....y acabar condenándose. Ni qué decir tiene que esa es la ideología moral o ética que requería el capitalismo para desarrollarse pues es la acumulación de riqueza en forma de capital, y no de bienes de consumo, el motor del desarrollo económico de tipo capitalista. 

La ética protestante del ahorro y la acumulación implicaba también una estética. Una estética en que pudiese conjugarse el ser un elegido de Dios, o sea, el ser rico, con un comportamiento sobrio y ahorrador.  La pintura holandesa del siglo XVII nos muestra a las claras ese ideal estético burgués: habitaciones, limpias, iluminadas, bien puestas pero sin ostentación; trajes y vestidos de buena calidad pero sin adornos y de colores oscuros o recatados; iglesias desprovistas de adornos y lujurias barrocas.

Y, claro está, para que uno pudiese mostrar ante los demás que se encontraba entre los elegidos, que era rico pero austero, los demás debían poder ver esa riqueza y lo que se hacía con ella con sus propios ojos. La vida de los elegidos por la Gracia divina debía ser, pues, transparente. Una "intimidad publica o exhibida voluntariamente" demostraba que nada se tenía que ocultar, que no había pecado sino todo lo contrario. Y para facilitar esa transparencia, esa visibilidad por parte de los demás, el no poner trabas como cortinas, visillos o persianas fue, sin duda, uno de lo mecanismos que se arbitraron y acabaron quedando como rasgo cultural de toda la Europa protestante.

Un rasgo, por cierto, que ha soportado sin problemas la secularización y pérdida de autoridad moral por parte de las confesiones religiosas. Y es que la ausencia de visillos y cortinas curiosamente facilita también el comportamiento antitético u opuesto al reclamado por la ética protestante del siglo XVI. Me refiero al comportamiento descrito por Thorstein Veblen en su también maravillosa "Teoría de la Clase Ociosa" escrita en 1899: el denominado por él como "consumo conspicuo".

Para los ricachones, ya descreídos de toda fe religios antigua, y que lo que ansían es mostrar a los demás su éxito en forma del lujo que su riqueza les permite, esa vieja costumbre de la transparencia en las ventanas les viene que ni pintada: pueden mostrar lo ricos que son sin pecar de ostentación...al menos ante sus vecinos. No para nosotros, los del sur de Europa, que desacostumbrados ante ese tipo concreto de exhibición  pública de la riqueza, como se puede ver en Amsterdam, en Amberes, en Gante, en Copenhague o en Berlin, lo vemos como lo que es: una ostentación absurda de la propia riqueza que se hace al precio de una clara pérdida de la intimidad.                 

domingo, 27 de noviembre de 2016

Kakosmia moral. Nuevas aproximaciones a partir del caso "Cifuentes"


                                                                             


cacosmia o kakosmia (del griego kakos, malo y osmé, olor). Trastorno del sentido del olfato de tipo alucinatorio que lleva a la  persona que lo padece a no percibir los olores fetidos y que  en algunos casos provoca la desviación del sentido olfatorio y conduce al afectado a preferir los olores fetidos. La cacosmia es la perversión del sentido del olfato por la que  resultan agradables los olores repugnantes o fétidos. A un enfermo de cacosmia, a un cacósmico, le parece fragante lo pestilente y bienoliente y hasta delicioso lo excrementicio.

Como apéndice a la entrada anterior ( http://www.rankia.com/blog/oikonomia/3389908-ley-weber-fechner-moral-pedo-corrupcion-proposito-caso-espinar) acerca de la "cacosmia" (o "kakosmia") moral selectiva o asimétrica, ese trastorno del "olfato moral" que lleva a los pacientes o afectados por el mismo percibir como fragantes y bienolientes los "pedos morales" que se "tiran" sus cercanos y allegados, amigos, correligionarios de ideologías, partidos e iglesias de todo tipo, en tanto que sí huelen como pestilentes los quie se "tiran" los "lejanos", rivales o enemigos,  me permito extenderme aquí brevemente recogiendo algunas novedades que se derivan del último caso demostrado de este tipo de kakosmia, el de la señora presidenta de la Comunidad de Madrid, doña Cristina Cifuentes.

Es el caso que hasta este caso yo había pensado que ese trastorno de la sensibilidad moral debía de ser de tipo infeccioso y se daba en determinados colectivos con una clara y cercana convivencia. Y de ahí los contagios. La increíble abundancia de casos de kakosmia entre los miembros de la Iglesia Católica (recuérdese el más que maloliente asunto de la pederastia), los militantes de sindicatos y partidos y los socios de equipos de fútbol me llevaban a estimar que formar parte de ese tipo de organizaciones representaba un riesgo claro, al menos en el caso de este desventurado país y en estos desconsoladores tiempos.

Pues bien, el caso Cifuentes me lleva a cuestionarme esa apreciación. Como se ha conocido públicamente, la hermana de doña Cristina ha "conseguido" una plaza de Profesor Visitante en la Universidad Rey Juan Carlos de una manera tan irregular que puede ser, incluso, ilegal. Es tan increíblemente irregular que puedo asegurar a todos quienes lean este blog y no sepan de la forma en que se cubren las plazas de Profesor Visitante en la universidad española que es completamente inaudito que alguien con sus características curriculares o haya conseguido nunca. No pongo en duda que la hermana de doña Cristina Cifuentes tenga muchos "méritos propios" , pero por lo que sé, no sólo dudo sino que estoy seguro de que no son los exigidos por la Ley Orgánica de Universidades y la propia Comunidad de Madrid para ocupar una plaza de Profesor Visitante. En suma, que todo el asunto "huele más que mal", o sea, que es un "pedo moral" de libro. Al que, como para algunos era de esperar,  doña Cristina Cifuentes ha reaccionado como afectada por un más que serio problema de kakosmia moral: le ha parecido que todo el asunto (el comportamiento tanto de la hermanísima como de quienes le han concedido la plaza en la URJC, y singularmente su rector, de cuyo comportamiento como plagiador impenitente están los periódicos llenos estos días) está envuelto en un olor de santidad moral. Y no sólo eso sino que se ha permitido en tachar a los que si tienen su sentido del olfato moral en buen estado de  "canallas". ¡"Pobrecita" (es un decir), doña Cristina! Huele el más que apestoso "pedo moral" del asunto de la plaza de su hermana como fragante perfume parisino. ¡Qué caso más agudo de Kakosmia moral selectiva!  

Pues bien, el caso "Cifuentes" me ha hecho recordar otros casos de enfermos de este tipo de kakosmia con respecto a obvios "pedos morales" de sus familiares. (Por ejemplo, y a guisa de compensación, he de citar aquí el caso "Tania Sánchez" ). Y la implicación es obvia: ¿será que este trastorno del "olfato moral" tiene una base familiar? Si es así, puede ser que o bien tenga una base biológica de tipo genético, o bien que sea un "defecto" que se "aprende" desde la cuna, algo semejante al gusto o disgusto por ciertos alimentos que corre en las familias. En cualquier caso, si se demostrase esa etiología familiar para esta enfermedad moral ello supondría un claro revés para las posibilidades de una acción terapeútica pues no es nada fácil variar los comportamientos con base genética ni tampoco los que se aprenden en la infancia.

Malas noticias pues para los afectados ...y, claro está, para el resto de la población en la medida que, al igual que la incapacidad de los enfermos de kakosmia física los convierten en inadecuados para las ocupaciones en que poseer un sentido del olfato es necesario para desempeñar correcta o eficientemente las tareas que se requieran, la kakosmia moral debería ser una condición incapacitante para ostentar cargos en instituciones públicas y privadas que requieran una adecuada sensibilidad u olfato moral. Dada la importancia del asunto y a tenor de la magnitud de la epidemia de kakosmia moral que está afectando a la sociedad española, sería de desear que las investigaciones continuasen para encontrar un test de esa enfermedad que pudiese ser usado para ese fin.

Ley de Weber-Fechner, "moral del pedo" y la corrupción. A propósito del caso "Espinar"


                                                                                                                                                            
Se está convirtiendo en lugar común el decir que estamos entrando, o vivimos ya de lleno, en lo que se denomina una "sociedad transparente". Como consecuencia de la facilidad creciente para acceder a las nuevas tecnologías de la información y la comunicación estamos asistiendo al final del tiempo de los secretos. Tener secretos y mantenerlos es cada vez más difícil. Estamos entrando, en consecuencia, en una sociedad orwelliana de control/vigilancia total (y no sólo por parte de los estados, como predijo Orwell, lo cual sin dejar de ser preocupante  podría no ser angustioso en la medida que los estados pueden ser unas instituciones algo controlables por los individuos al menos en las sociedades democráticas, sino que -y esto es mucho más grave- cada vez estamos más controlados/vigilados por las empresas, en la medida que nuestras sociedades se definen cada vez más por ser sociedades de mercado, siendo por ello cada vez menos democráticas en la medida que no existe todavía un control democrático de las empresas).

Para algunos entre los que me cuento ese control por parte de instancias exteriores a los individuos es irritante y preocupante. Para la creciente mayoría -o al menos eso parece- esa visibilidad total no significa nada pues alegre y voluntariamente están dispuestos a exponer públicamente en la red TODO lo que les acontezca. Para estos, que repito, que van siendo ya una mayoría, la privacidad, la intimidad es cosa del pasado. Una forma del ser humano ya caduca. Estaríamos volviendo así, gracias a las más nuevas tecnologías, a tiempos tribales preindustriales, "precivilizados". A tiempos en que los humanos vivíamos en pequeñas comunidades donde todos los comportamientos de todoseran siempre evidentes para todos,  y por ello mismo eran siempre "sociales". Tiempos en que los conceptos de privacidad o intimidad no existían.

Lamentando esa deriva, he de reconocer, no obstante, que algo bueno tiene el moderno desarrollo de las tecnologías de la información, y es que con la transparencia, viene también la creciente dificultad para que los corruptos (y los corruptores) puedan jugar impunemente (o al menos, a escondidas) a sus particulares juegos. Como ya señalé en una entrada previa, la corrupción exige del secreto y la creciente dificultad en su mantenimiento hace que la vida de los corruptos se vuelva más complicada.

En esa entrada, (véase http://www.rankia.com/blog/oikonomia/2696433-final-tiempo-secretos-corrupcion) señalé que, además de las nuevas tecnologías, era necesario que hubiera alguien -el "delator" - que las usase para poner de manifiesto la corrupción. Que es necesario que alguien señale con el dedo a los corruptos y los exponga a ellos y sus secretos en la red es condición necesaria para que empiece a operar ese mecanismo del fin de los secretos. Pero no basta con ello. No es suficiente.
Que la exposición pública de los corruptos y sus secretos sea efectiva  exige en la práctica no sólo que estos sean comunicados por quienes los desvelan, es decir, que sean difundidos  en un medio o vía de comunicación, sino que es necesario también que haya receptores que sean conscientes de su existencia. Es decir, que para que un secreto "vea la luz" de modo efectivo no basta con exponerlo. Es necesario también que otros no sólo lo vean sino que sean conscientes de que lo que ven era antes un secreto, algo que estaba escondido. Para que un secreto deje de serlo ha de ser percibido por los demás. Obvio ¿no?

Sí, pero no tanto. Pues ocurre que la psicología de la percepción lleva más de cien años enseñándonos que no basta con tener algo "delante de los ojos" para verlo, que no basta con que "algo se diga" para oirlo. Y ello  puede aportar aquí alguna información adicional a la hora de examinar o predecir los efectos que las nuevas tecnologías pueden tener sobre la cuestión de revelación de los secretos, de la "economía de la corrupción", y en general sobre la Economía de la Señalización.

La psicología de la percepción desde un punto de vista científico arranca en el siglo XIX, y algunas de sus consecuencias están siendo recogidas por la moderna Economía del Comportamiento. Eso es esperable dado que se puede entender que la economía trata de las reacciones de los agentes, no a las variaciones de incentivos economicos, como se dice en los libros de Economía,  sino a las percepciones de esas variaciones. Un incentivo no tendrá efectos si no es percibido por los agentes a quienes se pretende incentivar. 

A este respecto, se puede mencionar la conocida Ley de Weber-Fechner que viene a decir que el incremento en la intensidad de un estímulo que es necesario para provocar un cambio en su percepción por parte de uin individuo es proporcional a la intensidad del estímulo inicial. El incremento en la intensidad de nuestras sensaciones no depende solamente del incremento en el nivel del estímulo sino que depende además de la intensidad de la sensación que el sujeto tenía antes de la modificación del estímulo. Un ejemplo: para que notemos un incremento en nuestra sensación de peso cuando tenemos en la mano un objeto que pesa diez gramos, el estímulo deberá aumentar en menor cantidad que para que notemos un incremento en la sensación si tenemos en la mano un objeto que pesa un kilo.  Todos sabemos que el volumen de voz al que tenemos que hablar para que se nos entienda es muy distinto si estamos en un velatorio que si estamos en un concierto de heavy-metal. En el velatorio basta un cuchicheo para comentar algo a nuestro vecino y se nos entienda. En el concierto, hay que gritar hasta enronquecer para lograr el mismo efecto.

La ley de Weber-Fechner también se aplica en asuntos económicos. Así, por ejemplo, estamos más que dispuestos a andar 5 minutos si estando a punto de entrar en una librería nos enteramos que el libro que nos queremos comprar está rebajado 5 euros en esa otra más lejana, pero,  sin embargo, no hacemos lo mismo si nos enteramos de que el coche que nos vamos a comprar lo venden 5 euros más barato en otro concesionario que también está a 5 minutos del que nos encontramos. Los mismos 5 euros de ahorro que en el primer caso nos merece la pena hacer el esfuerzo de la caminata, no nos bastan en el segundo caso. La explicación es obvia: el libro cuesta 25 euros y el coche 25.000. El mismo ahorro de 5 euros es un estimulo de intensidad relativa elevada en el primer caso, en el segundo es despreciable.  

Pues bien, a lo que parece, la percepción de la corrupción sigue también fielmente la Ley de Weber-Fechner. Ha sido frecuente oir comentarios acerca del escaso castigo electoral que ha recibido el Partido Popular por sus repetidos casos de corrupción. Algunos han señalado a los "mass media" o  medios de información de masas ("medios de formación de masas" los denominaba Agustín García Calvo), como responsables de ese fenómeno en atención al poco peso o relevancia que han dado a los casos de corrupción de ese partido a tenor de sus compromisos editoriales con el poder económico y financiero.

En absoluto pondré yo la mano en el fuego defendiendo la autonomía de los periodistas y los periódicos y cadenas de radio y de televisión  respecto a los poderes fácticos. No se me ocurriría hacerlo pues dudo totalmente de su independencia. Pero, al margen de sus compromisos políticos con el "establishment" creo también que en ese fenómeno de la carencia de efectos electorales de los casos de corrupción tiene mucho que ver la Ley de Weber-Fechner aplicada a la percepción o sensibilidad ética o moral.   

En efecto, dada la magnitud y recurrencia de los casos de corrupción que han afectado y afectan al Partido Popular, lo que para muchos lo convierten en un partido irremediablemente corrompido, el nivel o intensidad de corrupción "de base" en él es tan elevada que cualquier nuevo caso de corrupción en sus filas o el que llegue a tribunales alguno de sus múltiples casos pasados, pasa enteramente inadvertido. Para que un caso de corrupción en el PP fuese noticia, para que ocupase de nuevo las portadas de los medios, para que fuese perceptible por la gente y tuviese en consecuencia (o pudiese tener) efectos electorales debería de ser de una importancia o magnitud inimaginable. O sea, que desafortunadamente, la aplicación de la Ley de Weber-Fechner se traduce hoy en una suerte de impunidad electoral para el PP como consecuencia de la magnitud de sus corruptelas pasadas. Y en menor medida, algo similar sucede con la relevancia de la corrupción para el Partido Socialista o incluso para Izquierda Unida. Ha habido ya muchos casos  de corrupción en ambos partidos,  uno más es más de lo mismo   

Por contra, los más pequeños casos de corrupción en Ciudadanos o en Podemos  llaman hoy poderosamente la atención, y previsiblemente tienen y tendrán amplios efectos en las urnas. Y ello no sólo porque se han presentado como partidos que surgen como consecuencia directa de los elevados niveles de corrupción de los partidos más tradicionales y con el objetico de combatir la corrpción en la vida pública, sino porque como todavía no han tenido muchos casos de comportamientos corruptos en sus filas, los pocos que hay llaman poderosamente la atención, son muy perceptibles  como predice la Ley de Weber-Fechner de la sensibilidad moral.  La elevada atención mediática que reciben sus (escasos, todavía) casos de corrupción es considerada por los miembros de esos partidos como injusta. Incluso, como ha sido el caso de Podemos su reacción ante ella ha sido claramente paranoide. Cierto que sus casos de corrupción recibirán más atención por parte de la prensa u otros medios de comunicación politicamente hostiles. Y eso es lógico y debería ser, además, esperable. Como también lo es el que reciban esa atención relativamente excepcional por estricta aplicación de la Ley de Weber-Fechner. 

Pero a la Ley de Weber-Fechner de la sensibilidad moral quiero aquí añadir otro sesgo psicológico que facilita y mucho la vida de los corruptos, y que creo que debería entrar a formar parte de los manuales de Economía del comportamiento 
Ese sesgo se refiere al más que constatado fenómeno de que los miembros de un grupo o partido sean extremadamente sensibles a las corrupciones de los miembros de los otros partidos o grupos y enteramente insensibles a las corruptelas de los miembros del propio partido. Tal relatividad en la percepción o sensibilidad moral constituye en mi opinión un ejemplo magnífico de lo que  Rafael Sánchez Ferlosio denominó como "moral del pedo".

A la hora de definir lo que es esta "moral" no puedo por menos que citarle aquí al pie de la letra trayendo la definición que de esa moral hizo en aquel definitivo e insuperable ensayo acerca de las cuestiones identitarias en los sempiternos debates sobre las nacionalidades dentro de España, titulado Discurso de Gerona. Dice Ferlosio:
"A la moral de la identidad, en fin, acaso el nombre científico que mejor le cuadre sea el de 'moral del pedo', pues la condición particular del pedo es tal vez la figura más capaz de definir con plena exactitud la situación, en la medida en que la escrupulosa selección de lo genuinamente propio y el riguroso rechazo de lo extraño por lo que se distingue la moral de la identidad en ninguna otra imagen podrían estar mejor representadas que en el pedo, a cuya esencia igualmente pertenece la rara condición de que nos complacemos en el aroma de los propios tanto como nos causa repulsión el hedor de los ajenos"  

Pues bien, ¡qué excelente ejemplo de aplicación de la "moral del pedo" ha sido la cerrada defensa que (casi) todos los miembros de la dirección de Podemos han hecho del legal pero claramente cuestionable comportamiento (ilegítimo para los estándartes de Podemos, me atrevería adecir) que tuvo uno de sus representantes, el senador don Ramón Espinar, en su gestión del piso protegido al que de forma -digamos que "peculiar"- tuvo acceso hace unos años!
El problema no está en que el comportamiento del señor Espinar fuera enteramente incongruente con los criterios que defiende Podemos. El problema no está, tampoco, en que don Ramón Espinar se comportase así en el pasado. Ni siquiera el problema moral  está en que el don Ramón Espinar de hoy no vea nada inadecuado en la conducta del Ramón Espinar del pasado. El problema está en que a él y a todos los demás miembros de Podemos (o al menos de su dirección)  les parezca que su gestión fue enteramente correcta y defendible, es decir, que don Ramón Espinar lo ha hecho siempre muy bien, tanto en el pasado como hoy día. O sea, que el problema está en que ese comportamiento legal pero claramente cuestionable desde el punto de vista ético o moral, les huelabien, cuando es obvio que al resto del mundo le huele fatal.

Y observese aquí que la "moral del pedo" es mucho peor, o sea, más inmoral que la "moral del... y tú más" que tanto ha caracterizado la política de los partidos en estos asuntos de corrupción. Al menos para esa moral del "..y tú más",  la corrupción huele mal, sea la propia como la ajena. Lo que reivindica esa moral es que los "pedos morales" propios huelen menos mal que los ajenos. Por contra, el gran problema con la respuesta de los dirigentes de Podemos es que manifiestan un nivel mayor en la perversión o trastorno patológico de su sentido del olfato moral (una especie de kakosmia o cacosmia moral selectiva asimétrica, podríase denominar), porque huelen como si fuese agua de Colonia el muy oloroso  "pedo moral" que es, sin el menor asomo de duda, el comportamiento pasado del señor Espinar, comportamiento que sin el menor asomo de duda les hubiera llevado a taparse las narices por su fetidez caso de que lo hubiese hecho un miembro de otro partido. 

¡Qué decepción para los muchos que no esperábamos tal cosa, que esperábamos que los nuevos políticos llegasen con el agudo olfato moral del que hacían gala!     

lunes, 31 de octubre de 2016

Reivindicación de Silvio Gesell

Fue Silvio Gessell un reformador social y económico "de los de antes", o sea, de los tiempos en los que esa hoy todopoderosa institución en la sombra, la "Academia", con sus ritos, valores, métodos y jerarquías, no había todavía secuestrado a las mentes más inquietas, distrayéndolas en asuntos baladíes o apaciguándolas hasta inducirles un auténtico estado de coma intelectual, a la vez que tampoco tenía aún el suficiente poder para condenar al ostracismo o al ridículo a todos quienes, pensando por su cuenta en los problemas sociales y económicos, se arriesgaban a proponer soluciones.
Gessell, un empresario de origen alemán afincado en Argentina, se atrevió a pensar fuera de la entonces naciente Academía en los problemas sociales y económicos de su tiempo y al igual que los Fourier, Owen y Marx del siglo XIX, se descolgó con una suerte de teoría y política sobre el mundo social que pretendía solventar, de una vez por todas, los problemas socioeconómicos de la humanidad.
No me he leído toda su principal obra (El orden económico natural), que por cierto es enteramente legible, interesante y está a disposición pública en la red, pero sí que conozco un poco una en concreto de sus contribuciones o propuestas más destacadas: el dinero "sellado", donde se plasma en términos prácticos una de las políticas centrales del el pensamiento de Gessel.
Empecemos. Una de las primeras cosas que cualquiera aprende sobre  el dinero, esa entidad de la que Marx decía que había vuelto loca a más gente que el amor, son las tres funciones que cumple. Un dinero de pleno contenido es a la vez un activo y un medio que sirve como unidad de cuenta de valor, o sea, unidad de medida de lo que es valioso económicamente.
El dinero cumple también la función de ser un medio de cambio, un instrumento que facilita los intercambios entre individuos, cada uno ofreciendo de lo que tiene en demasía  y demandando aquello de lo que carece. Gracias al uso del dinero se puede superar la restricción a los intercambios que supone el trueque, que exige la concordancia plena de intereses entre quienes comercian.
Y, finalmente, el dinero es también un depósito de valor, o sea, una de las formas que los individuos tienen para guardar/acumular/atesorar derechos/valor/riqueza  para el futuro, forma de guardar que tiene la ventaja añadida de ser líquida per se, es decir, de podeer cambiarse de forma inmeditat por binese y servicios reales is se estima necesario o conveniente. Uno puede guradar riqueza en forma de activos físicos (casas, tierras, muebles, cuafdros, deudas personales de otros ahacia uno, pero estas formas de riqueza no son líquidas, es decir, han de convertirse previamente en dinero si quieren ser usasdas en un mercado a cambio de bienes y servicios,
Pues bien, de lo que Silvio Gessel se dio cuenta, antes que el mismo Keynes, es de que la función de medio de pago y la de depósito de valor pueden ser contradictorias. La razón es muy simple, si los agentes económicos por la razón que sea, quieren aumentar sus tenencias de dinero, su preferencia por la liquidez en términos keynesianos, la cantidad de dinero que queda para facilitar los intercambios disminuye, y con ella, también puede que lo hagan los intercambios, y con ellos el nivel de la actividad económica. Si los agentes guardan más dinero, ese dinero atesorado "deja de correr", y al no moverse, se interrumpe la actividad económica, se entra en crisis.  Esa, para Gesell era la causa última de las crisis económicas: un incremento en la preferencia de los agentes por tener colocada la riqueza en forma de activos líquidos, en dinero.
La solución para evitar esto era hacer que el dinero, como activo, como forma de colocación de la riqueza, tuviese una característica común con el resto de los activos físicos en este mundo físico: que el paso del tiempo los deprecia o degrada. Gesell propuso que el dinero también tuviese una fecha de caducidad, que el dinero que se emitiese o crease en una fecha estuviese "sellado" de modo que si no se utilizase (o sea, se emplease como medio de pago para realizar algún intercambio, ya sea comprando un bien de consumo, uno de inversión, contratando un servicio o a un trabajador, o prestándoselo a alguien para que hiciese alguna de esas funciones económicas)  antes de una determinada fecha, ese dinero perdiese una parte de su valor. Conforme fuese pasando más tiempo, mayor sería la pérdida de valor del dinero emitido en una determinada fecha, por lo que, quien no hiciese nada productivo con él y meramente lo atesorara,  vería como su valor se depreciaría ante sus ojos. La implicación de un dinero con fecha de caducidad es que los tenedores de dinero se verían incentivados a usarlo, no a guardarlo o atesorarlo, y al así hacerlo estimularían la demanda y con ella la actividad económica.
Gesell, como ya se ha dicho, fue considerado como un "freakie" avant la lêttre . Ninguna referencia a sus ideas puede encontrarse en ningún texto de Economía de los que se usan para "formar" o "deformar" las mentes de los estudiantes en las facultades de Economía, aunque economistas de la talla de Keynes o de Fisher lo tuviesen en alta estima (eran otros tiempos).
...And yet, and yet  ¡quién puede dudar que el espíritu de Silvio Gesell se complacería en la amplia asunción hoy de lo que hasta ahora era una auténtica herejía: los tipos de interés negativos, que hoy se acepta y defiende como el último de los mecanismos que queda en la armería de los economistas  para que la ineficaz política monetaria expansiva que se ha seguido en los últimos años tenga por fín los efectos reales que se llevan buscando desde 2008, pues si bien se mira un tipo de interés negativo es lo mismo que un dinero sellado, un dinero con fecha de caducidad!
(Gesell no sólo defendía esa idea, sino que abogaba también por otras reformas sociales de gran calado centradas en la eliminación de la apropiación privada de la renta económica que genera la propia sociedad y la defensa de las cooperativas, singularmente las gestionadas por mujeres. En otro momento, hablaré de ellas)    

Cultura y crecimiento económico. ¿eran nuestros iletrados antepasados unos brutos?

En la fachada norte de la iglesia de Santa Maria del Rey de Atienza, se abre (es un decir, pues está cerrada siempre) una puerta construida en la primera mitad del siglo XII. Esta  muy deteriorada tanto por el paso del  Tiempo como  por el tiempo metereológico que solía darse en esta zona de Castilla, antes que los efectos del cambio climático se pusieran de manifiesto. No obstante, aún pueden "leerse" aunque con dificultades las dos incripciones que hay en su arco. La una en latín, dice así: IN NOMINE DOMINI IESU X(P1)BITUR (BENEDICITUR) IN ERA MILESIMA CL DOMO ECCLESIE SANTA MARIA VOICA (VOCIGATA)… FUIT IN EODEM TEM­PORE ENIE REX ALFOS DE ARAGONE… MP (ERANS) IN CAST (ELLA). Nada extraño hay en ella, pues.Es un texto acerca de cuándo se erigió la iglesia..

La otra inscripción, por contra, es de lo más raro, o al menos así se me antoja, pues está escrita en árabe. Y reza lo siguiente: "La permanencia es de Allah". Ahi va la imagen de estas dos inscripciones
 
Y digo que es de lo más raro esta segunda inscripción, porque no parece "normal" que en la entrada de una iglesia cristiana de aquella época, en plena "reconquista" como se decía antes,  haya un texto en árabe. un texto que, además, proclama uno de los atributos de Dios, tal y como aparecen no en la Biblia sino en El Corán.

(La existencia de esta inscripción en árabe señala la importancia de la población mudéjar o bien también (pues no es excluyente esta otra explicación) la existencia de una mezcla de religiones en aquellos siglos y en esa zona, de lo cual es por otro lado testimonio maravilloso la arquitectura de la cercana ermita/mezquita de san Baudelio de Berlanga, la Capilla Sixtina del románico español, tal como así la califica José Jimenez Lozano en su Guía Espiritual de Castilla, si bien para acercarse a su contemplación real haya hoy más bien que irse a Estados Unidos, tras la eternamente vergonzante venta que los lugareños de Caltojar, el  pueblo donde está situada la ermita, hicieran de sus frescos a Simon Leví allá por los años veinte del siglo pasado con la aquiescencia y complacencia interesada del obispado de Sigüenza, el cura del pueblo y otras gentuzas de semejante tenor) 

La inscripción en árabe se las trae, si se piensda un poco. Eso de que la permanencia es de Dios es un "texto" o mejor, un aforismo  teológico de lo más complejo, pues obliga a pensar en dios no como un mago de luengas barbas o como un señor feudal, que sería lo propio para la época, sino como un ente abstracto que coincide con la noción de infinito. esa noción tan abstracta y difícil de aprehender que está en la base de la especulación teológica y matemática. Por decirlo en una palabra, la inscripción es una afirmación que requiere cierta sutileza o capacidad intelectual...y es el texto que está en la entrada de un pueblo perdido de Guadalajara. Dado que es más que descabellado pensar el que estuviera destinada a alguna colectividad de teológos musulmanes que hubiera por ersos pagos, sólo qyeda la opción de pensar que pueda estar destinada a las gentes del lugar. Y si es así, ello plantea una pregunta adicional:  ¿será que los lugareños de Atienza en aquella época no eran tan brutos o cortos de talla iontelectual como solemos pensar? 

Y es que solemos pensar mal de las capacidades intelectuales de nuestros antecesores. El pasado, como suele decirse, es un país muy lejano, pero además de lejano lo pensamos o sabemos claramente subdesarrollado económicamente, de lo que extraemos la conclusión de que, consecuentemente, sus habitantes son (o tuvieron que ser) incultos y simples. Si no, ¿cómo es que eran tan pobres?

En efecto, la Economía ha dado por sentado que nuestros antecesesores eran unos brutos iletrados, pues mantiene  que la cultura o la educación les era ajena en su mayoría (siempre, obviamente hubo algunas escasas excepciones que confirmarían la regla de la predominancia de una estulticia generalizada de las pasadas épocas).

Son dos las razones que avalan semejante presunción. Por un lado se tiene que, como bien de consumo, la cultura o la educación, es un bien normal o, incluso, de lujo. es decir, un bien que sólo se puede adquirir si uno tiene bastante o mucha renta (o si se proporciona gratuitamente gracias al Estado del Bienestar). La implicación de esta argumentación sería obvia: los pobres no "compran" cultura. Y menos, claro está, lo harían en un siglo como el XII, o en general en cualquier época pasada antes de finales del siglo XIX, cuando el crecimiento de la renta per capita significó que las masas urbanas pudieran permitirse comprar o acceder a los productos culturales a la vez que desde el sector público se sumistrase, más o menos gratuitamente, como bien público sufragado mediante impuestos generales. 

Y el argumento anterior se refuerza si se mira la educación o la cultura como bien de inversión. pues hoy se presupone que la inversión en educación, en capital huimano, es una de las condiciones necesarias para el crecimiento económico, de donde se suele seguir, razonando a la inversa lo cual por cierto no es nada razonable, que donde no hay crecimiento, no ha habido inversión en educación, no se ha acumulado capital humano en la medida exigida para que se haya desencadenado  el proceso de  económico. Se dice así que hubo que esperar hasta los siglos XVIII y XIX para qiue el moderno crecimiento económico despegase, tras el proceso de difusión de los avances de la revolución científica y la paulatina cilturalización/civilización de las sociedades.

Pero el hecho de la inscripción en la iglesia de Atienza. Y, con él, otros hechos igualmente tozudos. Por ejemplo, están las maravillosas iglesias y catedrales medievales ya sean románicas o góticas. Incluso para los economistas académicos, cuya sola idea del pasado es la que les proporcionan las cifras de Angus Madison, la existencia de esas maravillosas edificaciones les suponen un pequeño problema. ¿Cómo es que poblaciones escasas, pobres e incultas, siempre al borde la muerte por inanición, tuvieron el "pronto" de dedicar ingentes cantidades de sus más que escasos recursos a unas obras monumentales tan estúpidas, por económicamente inservibles, como son esas catedrales que todavía hoy nos sobrecogen, calman, extasían o alucinan?  

Hace unos años, tuvo cierto éxito una película romántica titulada Shakespeare in love  En ella, fuera de la novelesca peripecia amorosa que se le hacía vivir a Shakespeare, se reflejaba la puesta en escena de su Romeo y Julieta en el teatro The Globe (cuya reconstrucción puede verse hoy en la orilla sur del Támesis). Lo más sorprendente, para nuestras mentes modernas tan educadas en opinión de los economistas, es que  Romeo y Julieta se representó, no sólo en la película, sino realmente en una -digamos- "taberna-teatro" como lo hicieron muchas más obras de Shakespeare (así como muchas de las de Lope de Vega y Calderón, lo hacían en "corrales de comedias" muy semejantes al Globe). Dicho con otras palabras, eran obras que  estaban hechas para los oidos de la gente del pueblo, del pobre y ineducado pueblo bajo de la epoca.

Pero, ¿y hoy? Una cosa es saber leer, lo que hoy lo sabe todo el mundo, y otra cosa es "saber" entender. Y, no sé, pero me da que ni siquiera una obra relativamente fácil como Romeo y Julieta sería comprendida en su integridad (ni aguantada)  por la mayoría de la población. Simplemente esa educada población que tanto capital humano ha adquirido y acumulado, por usar de la pomposa jerga económica, carece de la agudeza intelectual para seguir no sólo la trama sino el lenguaje de esa obra, por no hablar de otras más complejas del mismo Shakespeare o de autores como él, por no hablar de las de los clásicos griegos o latinos. No es nada extraño. Es un hecho, reconocido por los lingüístas, que los lenguajes modernos son mucho más simples o sencillos que los de antes, que con el curso de los siglos se ha producido una paulatina pérdida de vocabulartio y complejidad sintáctica. La implicación es obvia: en la medida en que pensamos con el lenguaje, la pérdida moderna de las capacidades lingüísticas de las gentes refleja una clara pérdida de sutileza mental. 

Y los ejemplos de estas "pàradojas" podrían multiplicarse sin cuento. Por un lado, le hacen a uno más modesto a la hora de evaluar las creaciones y conquistas del mundo moderno, que obviamente las hay y muy valiosas (fundamentalemente en el terreno de la medicina), y por otro, me hacen cuestionarme la pomposa presunción de los economistas a la hora de suponer que su forma de ver el mundo se aplica a todas las sociedades y en todos los tiempos. Si nuestros antecesores no eran esos brutos redomados que les considera la moderna "teoría del capital humano", ¿no será que eran diferentes a nosotros? ¿que no se movían únicamente por la persecución de los más simples objetivos materiales u económicos como parece que nos guían hoy a los modernos habitantes del mundo? 

martes, 30 de agosto de 2016

Economía del burkini

¿Se puede añadir algo desde la Economía al "problema" del uso del burkini en las playas? Pues creo que sí. El problema (o quizás más bien la "serpiente del verano de 2016") se ha planteado en términos de si se respeta o no  la "libertad de elegir" de las mujeres  musulmanas que, acatando las interpretaciones fundamentalistas de la religión islámica, se creen obligadas a usar esa prenda de baño en las playas. Hay que subrayar el adjetivo "musulmanas", pues cabe cuestionarse si este problema se hubiese dado si hubiesen sido mujeres de algunas sectas cristianas o no cristianas o incluso ateas, pero  igual de fundamentalistas en lo que respecta a las prescripciones acerca del atuendo femenino, las que quisiesen vestirse de esa guisa en las playas.
Me da que no. Que la prohibición de esa indumentaria playera por parte de las autoridades municipales de unos treinta ayuntamientos franceses no se dirige al burkini en cuanto tal traje de baño sino al burkini en cuanto símbolo, es decir, como expresión pública de aquiescencia con una determinada forma de interpretación del Islam cercana a la de los terroristas yihadistas.
Ahora bien, si el burkini fuese un símbolo del terrorismo, su prohibición sería fácilmente defendible en los mismos términos que lo es en muchos países la exhibición pública de símbolos asociados con el nazismo o el terrorismo nacionalista (imaginémos, por ejemplo, cuál sería la reacción del estado español ante una moda de bañadores en euskadi que incorporarse el hacha y la serpiente del anagrama de ETA). Nadie suele plantear que la restricción de la libertad de portar símbolos que defienden a Adolf Hitler o al Ku-Klus-Klan sea un ataque a la libertad de elegir, por lo que si se decidiese por parte del Estado que unas determinadas prendas son símbolos de ideologías o comportamientos no aceptables constitucional o legalmente, no habría ningún problema. 
El problema está en que el burkini no es ni puede ser símbolo de aquiescencia o simpatía con el terrorismo yihadista, ya que ni lo es de modo directo o explícito (ningún grupo terrorista yihadista lo exhibe como símbolo identitario), ni tampoco -en una interpretación más débil- puede ser símbolo de modo indirecto o implicito, dado que la mayoría de mujeres que quieren o pretenden usarlo no son simpatizantes o miembros de esos grupos.
En suma, está claro que el uso del burkini no puede conceptuarse como apología del terrorismo, y por ende, carece de toda justificación su prohibición. Pero, sin embargo, tampoco cabe dudar por otro lado que su uso ha levantado más que suspicacias entre muchos de los demás usuarios de las playas públicas francesas, que es lo que ha estado debajo de la intervención de las administraciónes locales prohibiéndolo. Las razones de esas reticencias pueden ser variopintas y vpueden ir desde motivos meramente estéticos (el burkini no parece ser una prenda muy bella que digamos) a otros de tipo sentimental o ideológico (hay una correlación positiva entre fundamentalismo islámico y terrorismo yihadista).
Desde el campo ultraliberal (y, paradójicamente, también desde el de la izquierda más descerebrada) suele argüírse que, dado que el uso del burkini no es apología del terrorismo, entonces la libertad de selección,que no de elección, de traje de baño (véasehttp://www.rankia.com/blog/oikonomia/428711-libertad-eleccion-seleccion para distinguir entre la libertad de selección entre distintos tipos de bañadores y la libertad de elección de cómo bañarse) es una cuestión individual en la que nada tendría que decir el Estado.
Pues bien, debería estar claro que este pretendido un argumento liberal es falaz, como se puede comprobar preguntando a esos mismos ultraliberales cuál sería su opinión ante el ejercicio de la libertad de elección de NINGÚN traje de baño para andar por ahí. Si ir desnudo es "elegir" como "bañador" la propia piel, los ultraliberales no deberían tampoco estar en contra de que cualquiera estuviese desnudo en cualquier playa...ni en cualquier otro sitio, pues el mismo "argumento" liberal  a favor de la libertad de elección puede hacerse respecto a la decisión de ir desnudo por la calle.
Y entonces está claro como la analogía con la regulación del desnudo en las playas puede ofrecer una salida desde la Economía a la acalorada cuestión del burkini. En efecto, los economistas saben que la mejor manera para enfrentar esos problemas de inconsistencia en las preferencias colectivas resultado de que distintos grupos propugnenn formas de uso o usos incompatibles pero no ilegales de  los mismos espacios ya sean públicos (o sea, de titularidad pública) o  colectivos o comunes (es decir, propiedad de todos o de nadie)  es proceder al "zoning", es decir, al establecimiento de regulaciones que, ya sea usando una base espacial o temporal o ambas, permita satisfacer esas distintas y enfrentadas preferencias.
Así, a nadie ya extraña hoy que haya playas nudistas  en las que la minoría (al menos de momento)  que opta por la desnudez a la hora de usar las playas pueda ejercitar su derecho sin conculcar el derecho de la mayoría (de momento) de no sufrir estéticamente contemplando los desastres del tiempo y los malos hábitos en los cuerpos humanos. Y si no hay playas suficientes, se puede articular un reparto temporal de las existentes, permitiendo que los nudistas puedan ir en algunas horas o fechas (como sucede en algunas piscinas públicas). De igual manera, están apareciendo playas en las que está autorizado el ir con perros.
¿Por que no, entonces, establecer recintos playeros en los que se permita el uso del burkini? Es una solución eficiente, fácil de administrar y que debería contentar a todos el mundo.