miércoles, 1 de noviembre de 2017

Un delirante análisis keynesiano de la independencia keynesiana

Es el caso que en este curso académico una de las asignaturas que me "toca" impartir es una de Macroeconomía introductoria. Y ando buscando por ahí artículos o textos lo suficientemente fáciles e ilustrativos que me puedan servir como material docente. Y, ¡mira por dónde! me tropecé con un artículo de don Juan Carlos Barba que, a primera vista, parecía satisfacer plenamente mis necesidades pues se proponía dar una idea de las repercusiones económicas sobre Cataluña y España de la independencia de la primera utilizando un modelo keynesiano simple. El artículo aparecía en el periódico digital El Confidencial con el título de "¿Quién saldría perjudicado si Cataluña se independizara?" y fue publicado el día 28 de agosto de este año.

Un inciso. Quiero, de salida, hacer notar que nada tengo contra don Juan Carlos Barba como persona particular o privada, a quien sólo deseo lo mejor en este mundo y a quién seguro que si lo conociese personalmente tendría en elevada estima y consideración. Distinta es la opinión que me merece don Juan Carlos Barba como personaje, es decir, como persona pública que así lo es en cuanto dispone de un megáfono de opinión pública como El Confidencial para dar aire a sus opiniones, y que, al hacerlo, se expone a la crítica y (des)calificación. Pues bien, respecto al personajde del señor Barba lo que téngo que decir a tenor del artículo que aquí comento es que, en mi opinión, es una idiotez de tomo y lomo, una idiotez certificada si existiesen unas normas de calidad UNE  al respecto, que -por cierto- tanto se echan en falta. El que me permita calificarlo de este modo no revela sino la profunda indignación que me ha producido la lectura de su artículo, como se verá más adelante.

El artículo en sí es extremadamente confuso. Tras una primera parte, nada contenciosa en principio, que cuenta someramente algunas de las características económicas diferenciales entre Cataluña y el resto de España respecto al sector exterior, en la que señala que Cataluña es una zona económica con clara voluntad exportadora como se manifiesta por el hecho de que (si se contaran sus ventas al resto de España como exportaciones y sus compras del resto de España como importaciones que se agregasen a los que exporta al e importa del resto del mundo) su saldo comercial sería positivo y ascendería al 12% de SU PIB, según los cálculos eso sí muy interesados y más que dudosos, por cierto, del idescat, se plantearía a continuación cuál sería el efecto de su separación con el resto de España. Para la economía del resto de España tras la separación catalana el superávit comercial se reduciría -o eso se cuenta en el artículo- al 1,7% de su PIB

Para ello, inicialmente, el señor Barba dice que va a usar de un modelo keynesiano simple. Nada que objetar. El uso de un modelo sencillo es lo propio para un artículo de periódico, y, además, es lo que yo buscaba. Sencillo significa aquí que se aplican las consabidas claúsulas caeteris paribus, tan queridas por los economistas, es decir que se pretende observar cómo afectaría un acontecimiento (en este caso, la separación de Cataluña) a la demanda final de bienes y servicios (y en último término al PIB) de Cataluña suponiendo que todo lo demás que influye en la cifra del PIB no varía. Es decir, que se supone al hacer el cálculo que no variarían ni el consumo autónomo, ni el gasto público, ni la estructura impositiva, ni las expectativas empresariales, ni los tipos de interés, ni el tipo de cambio rerspecto al euro de la futura "peseta" catalana, ni nada de las otras muchas variables económicas y no económicas que influirían sobre la demanda agregada y el PIB y el empleo de Cataluña. 

Obviamente, todas estas cosas variarán con la independencia de Cataluña. Es obvio. Pero esto no restaría valor al ejercicio del señor Barba que no las toma en cuenta si estuviera bien hecho pues proporcionaría una estimación a lo bruto del efecto de ese acontecimiento, -la independencia catalana-, a partir del cual podrá procederse procederse a su acotación y ajuste conforme se tuvieran en cuenta el efecto de las demás variables.

Pero es el caso que el ejercicio macro del señor Barba no sólo es que está mal hecho sino que revela una carencia de sentido común económico que le hace merecedor de un suspenso en toda regla en una asignatura de Macroeconomía elemental.  Veamos cómo procede el señor Barba en su estimación de ese efecto agregado bruto de la independencia de Cataluña. Para ello, de las diversas metodologías posibles que le ofrece el análisis económico (equilibrio general, tablas input-output, etc.) elige una que define como modelo "keynesiano" simple. Me parece perfecto, aún a sabiendas de que ello supone dar por dadas muchas cosas, siempre eso sí que utilize correctamente las ideas de Keynes. Pero, llegados a este punto, lo mejor aquí es dejarle "hablar" a él con sus propias palabras:    

Suponiendo que se estableciera un nuevo equilibrio con el exterior en un punto similar al que se encuentra España actualmente debido al estrangulamiento financiero que sufre (3% de superávit exterior) y que impide estimular más la demanda interna, y aplicando un modelo keynesiano simple, podemos calcular el nuevo PIB de equilibrio para ambas economías.
Con una propensión marginal a importar de aproximadamente 0,3 en la economía española, eso supondría que el nuevo equilibrio de la economía del resto de España se establecería en un nivel un 4% inferior al actual, lo que quiere decir que entraría en recesión durante el primer año tras la ruptura con un decrecimiento de aproximadamente un 1% (3% de crecimiento actual menos 4% de impacto de la ruptura). Como vemos, la repercusión tampoco sería demasiado importante y en todo caso mucho menor que la vista en la crisis de 2007-2013.
El impacto en Cataluña, sin embargo, sí que sería mucho más significativo, ya que el crecimiento sería extremadamente potente y la economía catalana alcanzaría el equilibrio en un nivel de PIB aproximadamente un 30% superior al actual (9/0,3). Es decir, que subiría desde los 28.000 euros per cápita actuales a 37.000, es decir, un nivel superior al francés y ligeramente inferior al alemán, entrando por lo tanto plenamente en el club de los países más ricos de Europa"

¡Santo Dios! Y yo sin saberlo. No sabía que Cataluña era la auténtica Tierra Prometida Bíblica. Una palestina ibérica donde, como se dice en las Sagradas Escrituras, correrán ríos de leche y miel una vez que la auténtica última tribu perdida de Israel, la de los catalanes, recuperen lo que es suyo y el gran Yaveh les había prometido y se liberen del yugo de los casposos y nada gentiles españoles. ¡ Nada más que un crecimiento del 30% en el PIB,  así de golpe y porrazo le espera a Cataluña tras la independencia!

Pero, ¡qué barbaridades dice el señor Barba! Está claro que no piensa ni un sólo instante en lo que le sale por sus neuronas. Pues ¿en qué cerebro de un economista ya no normal sino normalito   cabe que la independencia de Cataluña fuera a tener un efecto expansivo sobre la economía catalana? Y menos, aún, apoyándose en Keynes. El problema es que el señor Barba no sabe usar un modelo keynesiano simple. 

Veamos cómo "razona" el señor Barba (o mejor dicho, cómo creo yo que razona, pues en su artículo no está nada claro). La "idea" que tiene el señor Barba es que tras su separación, Cataluña experimentará un INCREMENTO en su superavit exterior del 9% respecto a su PIB, resultado -creo pensar aunque el señor Barba no lo dice claramente-  de la diferencia entre su superavit medido usando el metodo del idescat (o sea, contando también sus ventas y compras al resto de España  como exportaciones e importaciones)  que es del 12% de su PIB y el superavit que le asigna a Cataluña en la situación actual de "dependencia", que es un 3%. El resultado -según el modelo "barbano" simple....¡y tánto!- es, como se ha dicho, de un shock positivo de un 9%, que dividido por la "propensión marginal a importar" de un 0,3 (o sea, que el señor Barba supone -o so entiendo yo- algo así como que el multiplicador del saldo comercial es de un 3,3, ¡ahí es ná!, pero dejémoslo pasar) le da que, tras la separación, el PIB catalán crecerá un 30%.

¡Delirante! Sencillamente delirante. No se si el señor Barba estudió Economía ni dónde. Tampoco quiero saberlo. Trataré de explicar el calificativo que le doy a su "trabajo" de la manera más sencilla posible, para seguir el estilo de este blog. Y dejaré al margen, para no dificultar la comprensión los aspectos numéricos en la cuantificación del multiplicador, para centrarme en lo que -para mí- es el fallo conceptual de su argumentación que invalidaría toda su argumentación aunque los números estuviesen bien calculados. En pocas palabras, su error consiste en olvidar el hecho básico de que para que  se de un impacto positivo de la independencia de Cataluña tiene que producirse un incremento REAL en las ventas netas exteriores que haga Cataluña. O sea, que si tras la independencia Cataluña y a consecuencia de ella  más de lo que importa al resto de España y/o al mundo mundial, entonces sí que podría haber un impacto positivo y real.

Pero, ¿por qué va a darse ese incremento REAL y no sólo CONTABLE en el saldo exterior de Cataluña? Si, en principio, nos ponemos en el que sería para los independentistas el mejor de los escenarios posibles y suponemos -lo que es mucho suponer- que nada pasa, y que todo sigue igual ,Cataluña seguiría vendiendo y comprando lo mismo que antes de su independencia a los mismos clientes y proveedores, incluidos sus excompatriotas españoles, y su PIB no se vería alterado lo más mínimo.

Fácil de entender, ¿no? No hay que ser un Einstein de la economía precisamente. Es una idiotez mercedora de una certificación AENOR confundir una variación contable del saldo exterior de una economía (o sea, resultante del modo de medir las cosas) con una variación real en ese saldo exterior. Lo repito. Si Cataluña se separa, y sigue vendiendo o comprando los mismos bienes y servicios que antes del exterior, su estado económico real no varía, sólo variará su medición en la medida que antes de su separación no aparecían contabilizadas como compras y ventas al "exterior" las que hacía al resto de España pues ese "resto de España" no era para la economía catalana, nada "exterior". Por reducción al absurdo, trataré de remachar las cosas una vez más. El señor Barba no razona sino que alucina cuando supone en sus cáculos que "el resto de España" ( y de paso el mundo mundial) aumentará sus compras a la República de Cataluña en un 9% respecto a las compras que hacía a la Comunidad Autónoma de Cataluña, que es lo que tendría que producirse para que se dieran los efectos que prevee.

Una cosa que hay que reconocerle al señor Barba es su consistencia en el error. Pues, igual que prevé delirantemente un crecimiento en el saldo exterior de una Cataluña independiente de un 9%, cree que lo que quede de España va a experimentar una caída en su PIB de un 4%. Veamos cómo creo yo que "razona" (aunque es una suposición pues dista de estar claro en su texto) . El superávit actual de la economía española sería de un 3% de su PIB. Tras la separación de la economía catalana estima que pasará a ser  de un 1,7%, por lo tanto caerá en torno a un 1,3%. Si se divide  esta caída en el saldo contable del sector exterior español por la "propensión marginal a consumir" le da que el PIB español caerá un 4% a consecuencia de la independencia.

De nuevo dejando la cuantificación concreta del efecto contractivo al margen,  cuya relevancia es mínima dados los supuestos usados para calcularla, le preguntaría al señor Barba que si los particulares y las empresas españolas siguen vendiendo (y comprando) lo mismo del exterior, definido ahora por el hecho de que ese "nuevo" exterior incorpora a Cataluña, ¿dónde está el efecto contractivo? Para que se me y me entienda. Imagínese un mundo en que no hay ni INE ni IDESCAT, un mundo sin datos de Contabilidad Nacional (¡Qué descanso, por cierto!). En ese mundo, y si no hay "otros efectos" y si catalanes y españoles se comportan económicamente al día siguiente de la independencia igual que el día anterior, es decir, si siguen comprando por ejemplo vinos del Penedés o del Ampurdán y de la Ribera del Duero como siempre para "celebrar" u "olvidar"  el acontecimiento  ¿habría pasado algo realmente a sus economías particulares?   

Y, claro está que está claro que nada seguiría igual. Que todas esas "variables" que se suponen que no se mueven, se moverían...y mucho. Y sus efectos sobre la economía catalana serían, en mi opinión, fuertemente contractivos. De eso el señor Barba es consciente y habla en la parte final de su artículo, pero da la impresión que subestima sus previsibles efectos negativos. Parece olvidar que en una situación de guerra económica los actores no sólo usan variables-precio, como los aranceles, sino una miríada de otros instrumentos o "armas" no arancelarias para "perjudicar" a sus enemigos/rivales. Y aquí, con toda seguridad, creo -y subrayo esta palabra-  que de las ideas de Keynes se anticiparía una auténtica debacle económica a corto plazo para la economía catalana, con caídas de la inversión, el consumo, huída de capitales y demás (sin hablar de un posible corralito financiero). Y, por supuesto,  también padecería la economía de lo que quedara de España. En un  "divorcio" a malas, ambos contendientes sufren.

Finalmente, he de señalar que el tono de acritud y aspereza con el señor Barba de esta entrada es una respuesta emocional mía ante el mal uso que se hace como testigo de una de las partes en este caso de "divorcio" del nombre y pensamiento de quien para mí es uno de los economistas mejores que en el mundo han sido, John Maynard Keynes. 

Y para concluir. Sí que he pensado en usar del texto del señor Barba en mis clases. No para que los estudiantes aprenden nada de él, pues nada positivo puede sacarse del mismo, sino para que aprendan algo negativo: cómo un economista no ha de hacer sus análisis.     

El problema de las pensiones de los jubilados catalanes en una Cataluña independiente

El infinito cansancio y aburrimiento que ya provoca -al menos en mí- el debate acerca de la independencia de Cataluña, a veces, sin embargo, da un respiro en forma de las curiosas y hasta divertidas declaraciones de algunos de los paladines de esa independencia. 

En esa sucesión de cartas a los Reyes Magos que van definiendo lo que será la futura República Catalana se desprende la idea de que las pensiones de los jubilados  catalanes de hoy en día correrán a cargo de la Seguridad Social española, pues -según creen- tienen y tendrán  derecho a ello ya que cotizaron a la misma cuando eran trabajadores "españoles" activos por lo que  la Seguridad Social española tendría una "deuda" con ellos hasta que se mueran.

Pues bien, me pregunto de dónde habrá salido semejante idea que no se sostiene de ninguna manera. Y no sólo porque resultará inviable políticamente pues no parece sensato imaginar que en caso de que la independencia catalana vaya adelante, el Estado español se someta graciosamente a tal pretensión, sino por una razón económica. Y es que el sistema de Seguridad Social española es un sistema de REPARTO no de CAPITALIZACIÓN, lo que significa que con las contribuciones de los activos de cada periodo se sufragan las pensiones de los inactivos en ese mismo  periodo, de modo que por haber contribuido en el pasado al sistema, un trabajador no ha acumulado derechos a recibir una pensión como si hubiese ahorrado en una cuenta o depósito a plazo el importe de sus cotizaciones. En un sistema de reparto, en cada perido de tiempo, los jubilados que están DENTRO del sistema tienen derechos sobre las cotizaciones que han aportado en ese perido los activos que están DENTRO de ese sistema, por lo que los jubilados catalanes tras la independencia tendrán derecho a unas pensiones que procedan de las cotizaciones de los trabajadores catalanes, pero no -pues ya estarían FUERA del sistema- a las cotizaciones de los trabajadores del resto de España, que sería tras la independencia otro país, y otro sistema de Seguridad Social compuesta de trabajadores españoles y pensionistas españoles. Dicho de otra manera, la Seguridad Social española no tendría ninguna deuda pendiente con los jubilados catalanes tras la independencia, por lo que esa pensiones de los jubilados catalanes correrían enteramente a cargo sólo y exclusivamente de  los trabajadores catalanes desde el mismo momento de la independencia (a menos, claro está que se pactara -violando los principios del sistema de reparto- que los trabajadores españoles en activo tuviesen que dar parte de sus cotizaciones a los jubilados catalanes).

Y eso no es "injusto" ni "justo": es sencillamente una consecuencia de las reglas de un sistema de reparto en que las cotizaciones del periodo pagan las pensiones del periodo. Las cotizaciones de los catalanes en el periodo que empiece tras la independencia de Cataluña habrán de pagar las pensiones de los inactivos catalanes. Cierto que los actuales jubilados catalanes contribuyeron a sufragar las pensiones de los trabajadores españoles (incluyendo los catalanes) cuando estaban en activo, y habrían por ello adquirido el derecho a recibir una pensión ahora que ya no están en activo, cierto, pero quien deberá generar el fondo para pagarles tras la independencia deberán ser los trabajadores en activo de la República Catalana. Esa es la lógica de un sistema de reparto. El plantearse que debiera ser la Seguridad Social española la que corriese con los gastos en pensiones de esos jubilados carece de sentido económico, pues ¿en qué cabeza cabe que la Seguridad Social española (o sea, los trabajadores en activo españoles) aceptase la responsabilidad por los pensionistas catalanes cuando los trabajadores en activo catalanes hubiesen abandonado el sistema dejando de contribuir al sostenimiento del mismo?. 

(Cabe imaginar una "solución" transitoria -y muy problemática de estructurar- que plantearía que la Seguridad Social española transfiriese  (¿durante cuánto tiempo?) a la futura Seguridad Social catalana la diferencia entre las cotizaciones que deja de percibir por la salida de los trabajadores catalanes del sistema tras la independencia y la cantidad que les correspondiese a los jubilados catalanes si siguiesen en el sistema español) 

Finalmente, una última cosa y es que lo recién dicho sucederá sólo si la futura Seguridad Social catalana se articula como un sistema de reparto, ya que si siguiendo los consejos de los economistas neoliberales que son los "cerebritos" del "procés", la futura República Catalan opta por un sistema de seguridad social de capitalización y no de reparto, el futuro de las pensiones de los actuales jubilados catalanes sería con seguridad bastante problemático.

ADDENDA: Ante los comentarios que me han llegado acerca de la corrección de mi argumentación en la que se me señala que la independencia de Cataluña no supondría otra cosa que la extensión a los pensionistas catalanes del tratamiento que la Seguridad Social española da a los trabajadores extranjeros que una vez estuvieron en el sistema, sólo quiero señalar que no la veo muy factible. Y por supuesto lógicamente absurda dentro de las reglas de un sistema de reparto. Imaginemos que los catalanes independentistas tienen éxito y que, estimulados por ello, también sucede lo mismo con los de Euskadi y Navarra, y ¿por qué no?, también de paso  se independizan la Comunidad Valenciana y las Baleares (que formarían así por fín los Països Catalans), e incluso Canarias, Galicia y  Andalucía, que hay independentistas en todas esas regiones. Pues bien, en tal caso improbable pero no imposible ¡Pobres trabajadores  españoles (o sea, los madrileños, castellanos, extremeños, murcianos, aragoneses, asturianos y cántabros, ceutíes y melillenses)! ¡Lo que tendrían que "currar" para pagarles las "legales" pensiones de sus otrora compatriotas!.  

Pero, llegados a este punto, tengo que decir que viviendo como vivo en Madrid, no dudaría en descubrir que yo soy también independentista y me afiliaría sin la menor duda al PLIM (Partido Libertario Independentista Madrileño) reclamando la independencia pues estaría más que claro que "Espanya" nos estaría robando, ¿no? Creo que al grito de "A mí PLIM", la independencia de Madrid respecto a España estaría garantizada. Y, ¡hala! ¡a cobrar las pensiones de las cotizaciones de los "españoles" que quedaran en esa miniEspaña!  Ante este estado de cosas, no sé si los demás "españoles"  querrían seguir siéndolo, pero me da que no, a tenor de las facturas que tendrían que ir pagando a sus ex-compatriotas. No creo que el amor a la marca España de para tanto.   

Cierto que este "efecto domino" que acabaría con España (y de paso con su sistema de Seguridad Social) es un experimento mental, pero...¿quién sabe? Más vale estar preparados, Así que, por si acaso, si alguien de aquí de Madrid quiere montar el PLIM, que me avise.  

Un análisis estratégico de la guerra asimétrica entre el Gobierno español y el Govern de la Generalitat catalana

Antes de empezar, quiero señalar que nunca he estado cercano a las políticas del PP ni tampoco siento como mía, es decir, como un bien simbólico que me pertenezca, la bandera actual de España. Pienso que en la Transición se hubiese debido cambiar la bandera por otra nueva.  Así se hizo cuando la República. Cuya bandera, por cierto, es la sentimentalmente mía, la tricolor, la republicana, pues sigo pensando que la II República Española fue un destello esperanzador prodigioso en la negra historia de España, al que se apagó con la violencia y la traición, entre otras, la de la Generalitat catalana de la época. (Por ello, no puedo sino manifestar aquí mi irritación -aunque no venga al caso- ante el habitual uso que de la memoria de aquella esperanza hace el famoso diputado macarra catalán de origen jienés y cuyo apellido tan bien describe su conducta).

En suma que ni soy monárquico ni del PP. Y dicho lo anterior, no se me caen los anillos por decir que, en mi opinión, en el actual conflicto que enfrenta al Gobierno de España y al Govern de la Generalitat catalana, el Gobierno lo ha hecho bien hasta ahora. También el rey.

En efecto, se dice y no se para por parte del equipo habitual de "buenistas", cada vez por cierto más inflado y pagado de sí mismo, como corresponde a los grupos que se conforman no a partir de un análisis de las situaciones sino a partir de la coincidencia en actitudes morales, que (a) que Rajoy no ha hecho nada, (b) que el rey debería en su discurso haber usado de palabras como negociación y dialogo e incluso “haberlo forzado” , y (c) que siempre hay tiempo para la negociación y el diálogo.

LLamaré por cierto, "buenistas", a todos aquellos que tienen como cimiento de su pensamiento o actitud para los problemas sociales, económicos o políticos la idea que se resume en el dicho: "too er mundo es bueno". Cuyo origen se suele poner en la obra de Rousseau que consideraba que el hombre nacia bueno y era la sociedad y sus instituciones la que lo maleaba. La iglesia Católica, tras San Agustín, se apunta a la tesis opuesta, pues, para ella, todo el mundo nace malo, con un Pecado original, luego todo lo que hagan los seres humanos en sociedad será por necesidad malo y perverso, a no ser -claro está- que ella media y enderece sus pensamientos y comportamientos.

Pues bien, todos esas opiniones "buenistas" son típicas de un pensamiento blando y sentimental que desconoce las más elementales características de un conflicto. (Quizás el más intelectualmente perjudicado intelectualmente por el sentimentalismo que impregna la vida mental en estos tiempos sea el “amado líder” de Podemos a quien sus altos estudios sobre “Juego de Tronos”, eje de su sabiduría política, le han reblandecido el cerebro hasta llegar al extremo de solicita la medición de la Iglesia Católica. Pero, ¡Virgen Santa! ¿Cómo es posible que los de Podemos estén dispuestos a darle “carta en este entierro” a una institución como la Iglesia Católica, la institución pirómana en España por antonomasia, mucho más que la milicia o cualquiera otra (pero ¿quién cree este gran político que ha estado debajo de los nacionalismos periféricos desde sus mismas orígenes a la vez que también ha sido y sigue siendo  el eje vertebrador del nacionalismo español identitario más soez y peligroso? ¿No sabe que atacar al estado y las posiciones de laicidad que desde el podían establecerse ha sido la estrategia eclesiástica desde el siglo XIX? ¿Acaso no lee las declaraciones del guardían de las esencias catalanas: el abad de Monserrat? ). ¿Cuándo los militantes de Podemos le obligarán a volver a sus clases de la Complutense (más vale daño localizado que un daño general) a él y a su portavoz o mejor portagritos y a algunos de sus amigos como el señor Espinar de quien ya se habló en este blog a propósito de sus tejemanejes inmobiliarios.

Es el caso que todo conflicto pasa por varias fases, como es de sobra conocido en la literatura dedicada a su estudio. Esas fases, en orden creciente respecto a la intensidad del conflicto, van desde una situación de ausencia de conflicto o Paz Duradera, a una de Paz Estable donde la diplomacia resuelve sin problemas cualquier asomo de conflicto. La intensidad sube si se pasa a una fase de Paz Inestable, donde cualquier perturbación o altercado puede degenerar en conflicto explícito. Ese es el tiempo de la diplomacia preventiva. Si no tiene éxito, la siguiente fase es la de Crisis. La gestión de las crisis requiere la negociación total, pues caso de que fracase, se entra en el Conflicto explícito.

Obsérvese que hasta ese punto, todas las Estrategias de Negociación y apaciguamiento (diplomacia, concesiones, sobornos, renuncias, amenazas, disuasión, etc.) son útiles y han de emplearse, pero que cuando llega el conflicto, estas Estrategias de Negociación han de dar paso a las Estrategias de Lucha y Victoria. Y desde ese momento, las Estrategias de Negociación nada cuentan. Más bien todo lo contrario, han de ser sustituidas por Estrategias de ataque y defensa en el conflicto. En ese periodo si alguna de las partes usa io reclama del uso de alguan suerte de Estrategia de Negociación estaría señalizando su debilidad, lo que redoblaría la intransigencia y violencia de la otra parte.

No hay conflictos de larguísima duración, pues los conflictos son costosos para todas las partes implicadas. Ello se traduce en que tarde o temprano, los actores se ven obligados a llegar a un Alto el Fuego y al uso de nuevo de Estrategias de Negociación , esta vez buscando un Acuerdo de Paz, previo a las puesta en acción de la que se conoce como Estrategia para la Construcción de la Paz, cuyo objetivo es crear las condiciones para una Paz Duradera o cuando menos Estable.

Pues bien, si se atiende a lo recién dicho, está claro que el Referéndum del 1-O marcó el comienzo de la fase de hostilidades abiertas en el conflicto catalán. Fue la declaración formal de guerra de un conflicto ya en acción desde hacía tiempo, consecuencia del simple hecho de que la negociación era imposible por ser lógicamente absurda, como defendí en la entrada previa de este blog: es lógicamente imposible negociar algo (el objeto de la disputa, o sea, la existencia o no de una Cataluña independiente) que es indivisible/innegociable. Por ello, en esas frases previas, la única estrategia posible por parte del Gobierno era la de la Amenaza (“No me obliguen a tener que hacer lo que no quiero hacer”) buscando la Disuasión de la Generalitat.

Ha ocurrido, como se ha visto, que esa amenaza no ha surtido los efectos esperados. ¿Por qué? Parece que la razón es que, para los independentistas, esa amenaza no era creíble. Y una amenaza no creíble no es eficaz. Me da la impresión que los independentistas no se la creyeron porque sus expectativas estaban fuertemente hinchadas respecto, no dell resultado del Referéndum que con ayuda del departamento de Agit-prop de a Generalitat (TV3, medios de comunicación escritos y de radio catalanes, la ANC, Omnium, y la CUP controlando la calle ), sino respecto a la reacción del resto de estados europeos y de EE.UU. Pues, no hay que olvidarlo nunca, que un estado lo es sólo si otros lo reconocen. El día del referéndum, la torpe actuación policial infló aún más esas desbordantes expectativas en la medida que la batalla de la comunicación y del relato la ganaron de calle los independentistas en la calle.

Afortunadamente para los unionistas, en esa debacle estratégica del Gobierno, intervino el rey con un discurso perfecto de jefe de estado en situación de conflicto/guerra constitucional o de identidad como quiera denominarse a la presente situación. En él, y como debe obligadamente de hacerse dada la fase del conflicto en que se estaba, no se hacía ninguna concesión ni al diálogo ni a la negociación. Es -repito-  lo correcto, pues en la fase del Conflicto Explícito las estrategias de negociación han fracasado y todavía no ha llegado la fase de Terminación del Conflicto, en que de nuevo tendrán su papel. Además, el hecho de que en el discurso del rey no se hiciese la más mínima referencia a los incidentes y heridos de las calles de Barcelona, indicaba a las claras que reconocida la derrota en esa concreta batalla de comunicación, había que pasar página pues ello no era obstáculo para que se ganase la guerra del relato, cuyo eje debía de ser la “inadmisible deslealtad del govern”, o sea, el hecho de que el President de la Generalitat  es un traidor….Que esta estrategia ha sido exitosa se ha comprobado con la paulatina toma de posición de la inmensa mayoría de actores internacionales que han dado la razón al Gobierno español conforme han ido asumiendo que no pueden confiar en un actor desleal y más en un escenario como el europeo donde las tensiones nacionalistas están candentes en muchos estados. ¿Quién puede confiar en que una Cataluña independiente no se convierta en una base logística para todos los movimientos regionalistas y nacionalistas de Europa por más que el Govern prometa que no lo hará dado su historial de repetida deslealtad institucional? Simplemente, la actual Generalitat no es fiable.

El conflicto entre el Gobierno y el Govern entra dentro de lo que se conoce como Guerras o Conflictos Asimétricos, donde uno de los adversarios es más fuerte o poderoso que el otro. Ahora bien, como se ha comprobado repetidamente, en esta suerte de conflictos no se cumple siempre el Principio de Tucídides (el fuerte hace lo que quiere y el débil sufre lo que debe), de modo que con cierta frecuencia (que es  cada vez mayor por cierto), esos conflictos son ganados por la parte más débil. Estudiar el porqué de tal fenómeno ha sido materia de trabajo en los últimos treinta años (desde la debacle norteamericana en la Guerra de Vietnam) y abundan las teorías y modelos al respecto. Yo, particularmente, me inclino por el modelo de Arreguin-Toft, según el cual las posibilidades de que la parte más débil gane en un conflicto asimétrico depende del tipo de estrategias conflictivas que usen los contrincantes, de modo que si los dos contrincantes usan estrategias-tipo similares, el fuerte siempre tiene el triunfo de su parte, en tanto que cuando usan estrategias-tipo disímiles, el débil tiene una oportunidad de vencer si el conflicto se perpetúa tanto que cansa al poderoso o si otros actores intervienen para contenerle.

¿Qué son estrategias-tipo similares? Pues aquellas, ya ofensivas o defensivas, que respetan las "leyes del conflicto"  que regulan las interacciones de los contendientes (leyes de la guerra para la guerra convencional, o las “leyes” y reglamentos establecidos en el terreno económico (por ejemplo los acuerdos comerciales o las normas de la Organización Mundial de Comercio) para la guerra económica, o la Constitución y el ordenamiento jurídico en el caso de las guerras o batallas legales). Dada la superioridad del fuerte, cuando la guerra se hace respetando las leyes, nada tiene que hacer el débil a la larga.

Pero también estamos en el mundo del conflicto con interacción estratégica de estrategias-tipo similares, si ambos contendientes, el fuerte y el débil, recurren a ataques y defensas al margen de las "leyes del conflicto". Por ejemplo eso sucede cuando el fuerte recurre a los ataques indiscriminados contra la población no combatiente o a la tortura y el débil recurre a la guerra de guerrillas y el terrorismo. También en este caso, a la larga, el débil lleva las de perder, pues la superioridad del primero en fuerza también se manifiesta fuera de las "normas".

Lleva por contra el débil algunas de las de ganar (no todas) si la interacción estratégica se da cuando el fuerte y el débil usan estrategias-tipo disímiles. Por ejemplo, si el fuerte usa estrategias de ataque convencionales y legales, y el débil recurre a la "Guerra de Guerrillas" o el terrorismo. O cuando el fuerte recurre a la “barbarie” y el débil se defiende respetando las leyes de la guerra, lo que mina la credibilidad y moral del fuerte .


Pues bien, si con esta perspectiva observamos lo que ha sucedido y está sucediendo en Cataluña en los últimos tiempos se nos abre una nueva perspectiva. Se trata, obviamente, de un claro conflicto asimétrico que sin embargo, en los últimos años, ha sido ganado por su actor más débil: la Generalitat independentista en la medida que ha seguido una estrategia de Guerra de Guerrilas contra el Gobierno de España, quien se encontraba maniatado en sus capacidad de respuesta por la obligación de respetar la legalidad vigente de todo tipo, incluida la contenida en el Estatut de Cataluña. Ese "handicap" permanete le ha impedido al Gobierno central la puesta en acción de estrategias ofensivas y/o defensivas salvo las de índole legal, cuya efectividad con un actor que usa esa táctica de la guerrilla no es nunca demasiado elevada. Fuera del cambio legislativo del año pasado que posibilitaba a las empresas catalanas cambiar de sede legal sin necesidad del acuerdo de las Juntas de Accionistas, poco se ha hecho en el terreno estratégico desde Madrid. Ante esta incapacidad real de enfrentarse a esta estrategia se recurrió incluso a usar de estrategias de apaciguamiento (ayudas fiscales) que, contraproducentemente, apuntalaron el poder del Govern. Sólo en los últimos tiempos, se decidió actuar ofensivamente (el control de las cuentas), pero ya era tarde.

L
a Generalitat por el contrario no ha parado un sólo instante de hostigar al Gobierno central, a la vez que, como cualquier grupo insurgente, creaba un aparato de propaganda para captar partidarios y una red de protección y seguridad, un “santuario” como se llama en Análisis Estratégico, desde donde aprovisionarse y establecer las estrategias para el ataque final al Estado  que empezaría con el referéndum del 1-0.  Es sorprendente que todo eso se ha hecho con recursos de la Administración Central, pues en la Guerra de Guerrillas los guerrilleros se aprovisionan como parásitos de las provisiones de su rival, pues todavía no disponen de fuentes de abastecimiento propias . Es característico, por otro lado, de la Guerra de Guerrillas que nunca se plantea un ataque frontal al enemigo, sino que la guerrilla busca para lanzar los ataques donde hacer más daño y dónde están sus eslabones más débiles, incluso infiltrándose en las filas del fuerte para minar su voluntad de lucha.


Negar la efectividad de la estrategia de guerra de guerrillas de la Generalitat es tonto. Ha sido enormemente eficaz. El último botón de muestra ha sido la organización perfecta del referéndum del 1-0, que recurrió a las viejas tácticas de los grupos clandestinos para que sus organizadores evitaran ser detectados. Y, como predice el modelo, el recurso a la “barbarie” por parte del Estado, es decir, la actuación policial el 1-0, fue el mayor de los despropósitos. La “barbarie”, el ataque indiscriminado a gente pacífica que sólo quería votar como estrategia de ataque frente a una guerra de guerrillas es sencillamente estúpido, como sabe cualquiera que haya leído algo de conflictos o guerras asimétricas.


Afortunadamente, para el Gobierno de España, la propia victoria en esa fase del conflicto por parte de la Generalitat, se ha convertido en su debilidad, pues ya superada la fase estratégica de la Guerra de Guerrillas, a la Generalitat no le queda más remedio que abandonarla y plantar cara al Estado con armas similares ...y ahí tiene todas las de perder, como señala el modelo de Arrington-Toft, y como se está viendo en estas primeras fases de la guerra. Que, obviamente, no es una guerra tradicional o militar sino económica. La Generalitat está demostrando que es incapaz de evitar que el sector financiero y las grandes empresas la abandonen una vez que ya la cosa no va de "incordiar" al Estado y cansarle en una sucesión ilimitada de pequeños encontronazos de todo tipo, sino de suplantarle o sustituirle. Y como Estado, la Generalitat es un estado fallido por no-nacido siquiera.

En principio, teóricamente, la mejor estrategia ahora para el Estado sería seguir imperturbable con su actual política y buscar los medios para implementar una estrategia de hacer daños, que se define por la búsqueda del mayor daño del rival aunque ello te lo suponga a ti también pues ningún conflicto es gratuito. Por ejemplo, amenazando con alterar el Corredor Mediterráneo, amenzando con repensar el trasvase Ebro-Segura, amenazando con alterar las conexiones energéticas con Europa, etc. A la vez que esa política de amenazas, al Gobierno le interesaría curiosamente el el hacer nada en la práctica. Dicho de otra manera, al Gobierno de España lo que más le interesa es que cunda el “caos” económico o social en Barcelona y en Cataluña, o sea, el “daño”, por ausencia del Estado, tanto del Gobierno de Madrid (porque la situación social y la Generalitat no le dejarían actuar) como del Govern de la Generalitat (que no puede controlar a los actores económicos catalanes salvo si permite a la CUP salir adelante con propuestas típicas de las revoluciones asiáticas, africanas o americanas de los años 60) de modo que fuera la propia sociedad catalana la que pidiera la intervención del Estado. Algo así como lo que sucedió en la famosa Semana Trágica.

Pero lo que vaya a suceder sucederá en un futuro. Y nadie hoy lo sabe con certeza. Es previsible sin embargo que las presiones internacionales, de los actores económicos y de los partidos “buenistas” (PSOE, PNV y Podemos) no posibiliten que esa estrategia de infligir costes se desenvuelva en toda su intensidad antes de un Alto el Fuego con derrota de la Generalitat y vuelta a una situación de Paz Inestable. El tipo de paz que Ortega y Gasset había anticipado en su España Invertebrada que sería la norma convivencia o conllevancia del resto de España con Cataluña.

Si es así, si se llega a un Alto el Fuego pacífico o negociado sin vencedores ni vencidos, como gusta decir a los curas y buenistas, las cosas no pintan bien para el Estado pues, el modelo predice que tal “salida en falso” señalaría el inicio de un conflicto de mayor magnitud aún, pues está claro que el Estado Autonómico español no puede soportar sin estallar por todas sus costuras un Pacto Fiscal tan insolidario y delirante como el que hoy regula las relaciones con el País Vaco y Navarra también para Cataluña.  

Kakonomía. La economía de las chapuzas

Lo primero, para empezar,  un fenómeno sobradamente conocido: llega un currito a una casa, (me refiero por "currito" a uno de esos  sedicentes "profesionales", oséase, fontaneros,  electricistas, pintores,... técnicos en suma de variada adscripción u oficio: gas y calefacción, albañilería, telefonía o informática,  etc.), observa con desdén el desaguisado que motiva el haberle llamado, y con displicencia, mascando con fruición un mondadientes,  señala alguno de los puntos de la instalación que explican  la avería que justifica el que hayamos recurrido a ellos, e indefectiblemente oiremos de sus labios el "mantra" de todo "buen" profesional que se precie: ¡vaya chapuza que le hicieron!.  Incluso, en estos tiempos, y para marcar diferencias si se trata de un currito nacional, quizás hasta se permita un par de comentarios acerca de lo malos profesionales que son los emigrantes. Obviamente, sea verdad o no esa explicación/excusa, la razón que a ella  subyace está clara: si el profesional que tenemos delante hace también una chapuza, ello no será debido a su palmaria incompetencia sino a la de los "otros", los anteriores;  si por el contrario sucede (lo que no suele  ocurrir) que hace una auténtica virguería, entonces no sólo habrá justificado la factura sino que se  nos hará merecedor de una compensación extra por sus desvelos, pues habrá compensado con su buen hacer la incompetencia de los anteriores.

Añadir algo a lo recién dicho sería una redundancia, pues se trata de una situación tan habitual y conocida por todo el mundo que casi nos suele pasar inadvertida. Una consecuencia de índole teológica de esta común actitud es que, por el conocido mecanismo de la inducción hacia atrás, se tiene que al final y como apuntaban los Monthy Pyton en aquella hermosa película de título Time Bandits ("traducido" aquí como Los héroes del tiempo), el mismo Dios es un chapuzas, el Gran Chapucero realmente, pues de su primera gran chapuza, la Creación, se siguen como las cuentas de un rosario, todas las demás...incluída esa última que nos lleva a llamar a algún sedicente "profesional". La otra consecuencia, ya más terrenal, es que en la medida que las chapuzas son fenómeno generalizado en las interacciones económicas, la economía, es  unakakonomía, del griego kakos, y que puede traducise por "economía de los peores resultados o economía de la mediocridad o de la chapuza).

La misma palabra Kakonomía y el primer ensayo interpretativo acerca de las potencialidades de este nuevo concepto se debe a Gloria Origgi, una investigadora italiana residente en Paris. Por kakonomía, esta autora se refiere a la preferencia de los agentes por comportamientos mediocres o chapuceros  en las interacciones de los agentes entre sí. Y esto que parece muy raro (¿cómo es que alguien pudiera querer que la chapuza o la mediocridad sea la norma comkún en las interrelaciones con los demás, o sea que no sólo lo sea uno sino que  los demás sean también unos chapuzas?); dista de serlo.

Para entenderlo, imaginémonos una interacción entre dos agentes en que buscan hacer algo cooperativamente en mutuo beneficio. Pero al hablar de interacción. es necesario usar esa palabra en su pleno sentido, o sea incorporando palabras, y no como frecuentemente se supone o se modeliza en la Teoría de Juegos, en la que las interacciones entre agentes son interacciones entre "máquinas con apariencia humana", o entre seres humanos mudos*. Lo que esto significa es que, cuando dos agentes interaccionan, actúan después de haber llegado a un acuerdo, o sea, tras un intercambio lingüístico, tras haberse prometido o comprometido a hacer algo el uno para el otro, tras haberse comprometido mutuamente en "poner" lo acordado en el proyecto común, tras haberse palmeado las espaldas prometiéndose la excelencia y la eficiencia, tras haberse "dado la palabra" de cumplir cada uno lo acordado.

Pero, ¿qué sucede entonces si el coste de esforzarse como habían acordado es muy elevado para cualquiera de ellos? Pues que tiene la alternativa de escaquearse y no cumplir con lo pactado o lo prometido. Para el análisis económico tradicional, esta opción puede ser en muchos casos la más deseable para cualquier agente cuando considera sus opciones aisladamente, siendo la razón de ello el que si él se escaquea y el otro no, entonces disfruta del esfuerzo ajeno sin coste. Se aprovecha del otro, que resulta ser así un "pardillo". Cuando este "otro" agente razona en términos similares, el resultado conjunto es que ninguno de los dos cumple lo acordado, ninguno se esfuerza lo necesario, cada uno tratando de "tangar" o aprovecharse del otro. Este resultado, o mejor, esta interacción entre agentes se conoce como Dilema del Prisionero, y los economistas la usan como modelo descritivo de todas aquellas situaciones de la vida económica y social en que ocurre que cada uno de quienes en ellas interviene tratando de maximizar su beneficio privado se comporta de tal manera que el resultado colectivo es malo o mediocre.

Pero no es esta pauta la que se da en un entorno kakonómico. Aquí, lo mejor para un agente no sería el escaquearse de las propias responsabilidades y que el otro que no lo haga, como ocurre en las situaciones de Dilema del Prisionero. Aquí, lo peor es que uno se escaquee o haga una chapuza y el otro no, de modo que su socio  le pille en un renuncio. En una situación kakonómica, por tanto, lo peor para cualquiera de los participantes en una interacción económica o social es que uno sea incapaz de cumplir lo acordado y el otro sí, pues en tal caso el otro puede "sacarle los colores", afectando así a su estima social y a su autoestima. El resultado, paradójico, es que en estas situaciones lo mejor para cada agente es no cumplir lo acordado, o sea  escaquearse, pero sin que ello le suponga a ninguno coste alguno, lo cual sólo puede suceder si el otro también se escaquea, si el otro también hace una chapuza. Pues en tal caso, conjuntamente, pueden seguir usando el disfraz de la excelencia y la eficacia. Y, con arreglo a lo dicho, lo peor para el que es un chapucero sería el caso en que el otro sí que cumple lo acordado, pues aunque ello le beneficiase en términos "materiales" le pondría en evidencia, le hatría sentirse culpable y le expondría al desprecio de los demás. Así que lo mejor para quien quiere ser un chapuza es que el otro lo sea también, lo que permite mantener la ficción de que ambos son excelentes en sus tareas.

Dicho con otras palabras, la chapucería o la mediocridad de los "colegas", facilita la mediocridad y la chapuza propia. El que los colegas incumplan lo acordado o prometido facilita o abarata la propia mediocridad. Y ello nos libera de nuestras obligaciones contraidas para ser eficientes, a coste cero o muy bajo. En un mundo kakonómico, en el fondo, por debajo de nuestras proclamaciones de excelencia, confiamos en que los demás no sean confiables, en que sean tan poco dignos de confianza como lo somos nosotros mismos.  Ello da origen a una situación de acuerdos implícitos por los que un trabajo mal realizado se enmascara en forma de un trabajo excelente, pues nadie tiene el menor incentivo en gritar, como el niño del cuento de Andersen, que el rey no lleva un manto de armiño sino que está realmente desnudo. Es un mundo en que la chapuza es la norma, y todos lo saben y las hacen, pero nadie lo dice. Es un mundo en que todos nos lanzamos flores pregonando nuestra mutua exclencia tapando así nuestra real mediocridad y carencia de fiablilidad. Origgi, en un artículo con Diego Gambetta ("L-worlds. The curious preference for low quality and its norms"http://halshs.archives-ouvertes.fr/docs/00/43/66/55/PDF/Gambetta-Origgi_24_10_09_final2.pdf) en que usan como ejemplo  Italia, consideran que allí la kakonomía es ubicua y ha llegado a un extremo difícilmente superable (" un cocktail de confusión, dejadez y promesas incumplidas"), y citan como ejemplo el caso de un amigo suyo norteamericano que estaba rehabilitando su casa y les decía: "los que rehabilitan aquí las casas nunca cumplen lo que prometen, pero lo bueno es que tampoco esperan que les pagues como les prometiste". A este respecto sólo puedo decir que no sé si España tendría mucho que aprender de Italia, pero lo dudo. Para Origgi y Gambetta, por otro lado, el resultado a corto plazo y a nivel microeconómico de los comportamientos kakonómicos es confortable para ambas partes, pero a escala macroeconómica y a largo plazo es destructivo para la eficiencia económica y la supervivencia de las instituciones y organizaciones.

Para los lectores más propensos a lo analítico, la kakonomía puede modelizarse de forma sencilla. Supongamos dos agentes económicos (el 1 y el 2) que tienen una relación entre ellos de la cual derivan un beneficio conjunto  que se distribuyen en forma de rendimientos para cada uno de ellos (para no complicar las cosas, supondremos adicionalmente que el resultado colectivo se lo reparten igualitariamente).  Supongamos, además, que ambos tienen ante sí sólo  dos alternativas, o bien esforzarse mucho en sus tareas acordadas (alternativa M) y trabajar con alta calidad, o bien escaquearse y trabajar poco (alternativa P). Obviamente, cuando los dos agentes se esfuerzan mucho (ambos eligen la alternativa M) el resultado colectivo es de alta calidad con un valor Q, del cual se lleva cada uno Q/2 (o sea, la mitad) menos  el coste de esforzarse mucho que supondremos también que es igual para ambos (e). Es decir que el pago que se sigue de "seguir" la estrategia de esforzarse mucho cuando el otro (o los demás ) también lo hacen es:
                                            (Q/2) - e
Por contra cuando ninguno se esfuerza, ambos eligen la alternativa P, el resultado conjunto es q (tal que Q>q)  pero no hay costes de esfuerzo, por lo que cada uno se lleva a casa:
                           q/2
  Hay un situación intermedia en que uno se esfuerza Mucho y el otro Poco. Supondremos que el resultado conjunto es entonces L, tal que Q>L>q. En este caso, el que se escaquea obtiene:
                            (L/2) - d
ya que si bien no se esfuerza nada, sufre un "coste" psicológico asociado a su "mal" comportamiento dado que se ha escaquado en tanto que el otro ha cumplido.  Por contra, , el otro, el que se esfuerza y va de "pringado", se lleva:
                            (L/2) - e 
Obsévese que cuando ambos se escaquean y son unos chapuceros, ninguno sufre un coste por hacerlo, por no estar a la altura de lo que habían pactado, pues su incumplimiento al ser mutuo no supone ningun desdoro o perdida de estimación social o autoestima. 
En forma de una matriz de pagos de Teoría de Juegos, la interacción puede describirse así:
                                                                                                                    AGENTE 1
                                                 M                                             P
                             M      (Q/2) - e;  (Q/2) - e                (L/2) - e;    (L/2) -d    
AGENTE 2
                             P        (L/2) - d;   (L/2) - e                     (q/2);     (q/2)

Se estaría en un situación kakoeconómica cuando los distintos valores de esta matriz de pagos estuviesen ordenados de la manera siguiente:
                           (q/2) > (L/2) - d > (Q/2) - e > (L/2) - e
por lo que, dado que  Q  > L, se sigue que  d <  e, es decir, que el coste asociado a quedar como el que se "escaquea" y no cumple ha de ser menor que el coste de "ir de pringao" (no escaquearse mientras el otro sí lo hace), y también que Q/2 - L/2  <  (e - d), o sea, que la ventaja de la remuneración "bruta" individual cuando ambos "cumplen" y se esfuerzan  ha de ser menor que la diferencia entre el coste de "ir de pringao" y el coste de "ir de escaqueador".  

Dada esta ordenación, el resultado es que ambos agentes se escaquean. Cada uno elige P como estrategia dominante independientemente de lo que el otro elija. Con el resultado de que ninguno se esfuerza, ambos se escaquean y ambos obtienen (q/2). Un resultado, pues,  similar al alcanzado en  la conocida interacción del Dilema del Prisionero, pero hay una diferencia y es que en tanto que en el caso del dilema del prisionero d= 0, o sea no hay el menor sentimiento de culpa cuando uno se escaquea y el otro cumple con lo acordado, en una situación kakoeconómica cada uno de los agentes prefiere que el otro se escaquee, que sea un chapuza, pues si así lo hace se libera de su culpa.

En su artículo, Origgi y Gambetta usan de manera extensa y diría que exclusiva del mundo acdémico italiano para reflejar la prevalencia de comportamientos kakonómicos. Cuentan y no paran de sus mediocre nivel de  investigación comparado con el del mundo anglosajón. Ni qué decir tiene que tanta dedicación a sus colegas como ejemplos de mediocridad "vestida de seda" da que pensar o que malpensar. A fin de cuentas, ambos son italianos y ambos están fuera de Italia (Gambetta está en Oxford). Un mal pensado podría pensar,kakonómicamente, que tanta acritud con el mundo académico italiano trasluce quizás un deseo de reconocimiento o algo semejante. Pero mejor no seguir por ahí. Como todo juicio de intenciones es un prejuicio. 

Sin embargo, no puedo concluir esta entrada sin señalar que, por lo que sé, el paradigma que Origgi y Gambetta ponen del comportamiento eficiente y nokakonómico, al menos en Economía, es más que discutible. Para cualquiera que no forme parte de lo que se ha venido en llamar la "academia" le sorprendería la prepotencia y la carencia de modestia intelectual de los economistas más reputados de nuestra sedicente academia de economistas. Aquellos que se consideran "los mejores" de la profesión porque la profesión les dice -de forma autoreferencial o autísta- que son los mejores. Aquellos a los que los políticos y los medios de comunicación prestan atención reverente. Aquellos que ocupan las cátedras y manejan los fondos dedicados a la investigación. Aquellos que dicen saber. Aquellos que deciden en la sombra sobre las reformas que han de hacerse. Pues bien, no hay que ser muy crítico para darse cuenta de que los resultados reales de tanta investigación y tantos premios y alabanzas mutuas es sencillamente penoso. Lo estamos viendo en el día a día de esta crisis económica que ni supieron predecir ni han sabido como afrontar, y que incluso -yo diría- han provocado en último término. Dicho de otra manera, si usásemos con los economistas académicos que tanto pululan por los medios de comunicación y viven tan cercanos a los centros de poder y decisión usando de una vara de medir semejante a la que usamos con los curritos que vienen a nuestras casas, debiéramos concluir que pese a sus títulos y sus premios autoconcedidos, pese a sus cientos de artículos nunca testados ni sometidos a crítica científica-al menos tal y como ese entiende entre los "científicos" de verdad, o sea, los físcos y químicos-, pese a las palamaditas mutuas  en las espaldas que tanto prodigan en sus congresos y reuniones,  son unos auténticos chapuceros, los mejores ejemplos de la kakonomía

La Ley de la Minoría Intransigente de Nassim Taleb y el "problema catalán"

Imagínese el lector que quiere organizar una fiesta para  sus cuatro o cinco amigos más cercanos. Tiene un problema y es que uno de ellos recientemente se ha convertido a la secta vegana (una secta es aquella agrupación de gentes que estima que su preferencia por un determinado tipo de comportamiento la convierte en superior moralmente a quienes se comportan de otra manera, cuando ambos comportamientos no son directamente lesivos para ningún ser humano. Los veganos son por ello una secta pues se creen mejores personas que los carnívoros u omnívoros por el mero hecho de no comer carne).

Pero sigamos. Sucede, además, que por las razones que sean no puede hacer dos tipos de menus sino que se ha de decantar o bien por uno en que hay algún tipo de alimento prohibido para los veganos o bien por uno inmaculadamente vegetariano. Pues bien, dado que sus otros amigos pueden también comer  el menu vegano (porque no son de ninguna secta carnivora), la solución está cantada: al final las preferencias minoritarias ganan la partida y todos comerán el menu vegano, y todos aceptarán además como bueno ese resultado frente a la alternativa de no comer juntos, de no celebrar la fiesta.

El anterior no es sino uno de la miríada de posibles ejemplos y situaciones donde opera la que Nassim Taleb ha denominado "Ley de la Minorías Intransigentes" por la cual ha de entenderse aquella la ley que convierte en papel mojado la popular Ley de la Mayoría,  aún -y esto es importante- en un regimen plenamente democrático. Esta ley de las minorías intransigentes viene a decir que en cualquier situación en que ha de  elegirse entre las preferencias de una minoría intolerante respecto a un tema y las preferencias de una mayoría acomodaticia, siempre ganan democráticamente (o sea, por mayoría) las preferencias de la minoría de los intransigentes. Simplemente sucede que, aunque la mayoría no prefiera el resultado deseado por la minoría intransigente, esta preferencia de la mayoría es débil, de modo que prefiere ser tolerante y acomodarse a las preferencias de la minoría intransigente antes que no llegar a un acuerdo, por lo que al final se imponen las preferencias minoritarias. 

De modo formal, esta ley la prodríamos expresar así. Suponga que hay tres personas en un colectivo ( a las que denominamos personas  I, II, III), que han de elegir entre tres opciones: A, B, C. Las preferencias de cada persona vienen expresadas en la sigiente tabla donde el signo > (mayor que) expresa preferencia fuerte, en tanto que >= (mayor o igual que) señaliza una preferencia débil o acomodaticia :
                                                                I)    A    >      C     >    B
                                                                II)   B   >=     A      >    C
                                                                III)   B  >=     A      >    C
o sea, que para la persona I -que es la intransgiente- la peor opción es la B (comer carne en nuestro ejemplo), de modo que prefiere la opción C (irse de la fiesta o no acudir a ella) antes de ver un muslo de pollo en su plato. Por el contrario, las personas I y II que comparten sus preferencias y son por tanto mayoría, lo que menos desean es que no haya fiesta o que no estén todos en ella (opción C), de modo que aunque prefieran un menú carnívoro (opción B) por encima del vegano (opción A), esta preferencia es débil, por lo que la intolerancia gana democráticamente a la tolerancia aunque esta sea mayoritaria..

Y  vayamos ahora a la llamada "cuestión catalana" desde hace ya un siglo. Los sondeos estadísticos hace unos cuantos años señalaban que la opción independista (la amparada por aquellos que se sienten exclusivamente catalanes) era defendida por una minoría, superada por una mayoría de catalanes que,en mayor o menor grado, aceptaba  también el ser españoles por sentirse catalanes y también españoles. Las tornas no sé si han cambiado en lo que respecta a a esas preferencias de los catalanes, pero en cuanto al comportamiento de la sociedad catalana, en cuanto a hechos se refiere, el cambio ha sido radical como lo muestra la puesta en marcha del inexorable "procés". Y esto, que aparentemente resulta incomprensible  en una sociedad democrática en la medida que implica la adopción de comportamientos colectivos no respaldados por preferencias mayoritarias de la población,  puede sin embargo entenderse fácilmente como una aplicación más de la Ley de la Minoría Intransigente.

En efecto, y por seguir con el ejemplo, "igualemos" a los independentistas con los veganos. Con esta analogía quiero, además, subrayar que queda fuera de la argumentación la cuestión de la bondad o eficiencia económica de la independencia de Cataluña para los catalanes, que tantos ríos de tinta ha generado. No la trataré aquí de modo que adoptaré sobre ello una perspectiva neutral. Puede ser que sí le vaya bien a los catalanes la independencia o puede que no. De igual manera es posible que la dieta vegana sea mejor dietéticamente que las otras. Pero al igual que esto no era el punto relevante a la hora de decidir el menú para la fiesta en mi ejemplo inicial, tampoco creo que sea el tema relevante a la hora de dar cuenta de la "cuestión catalana" en la actualidad.  

Siguiendo con la analogía, digamos que un independentista es alguien que no "come" nunca comida española (opción B), lo que -como en el caso de la fiesta- supone un problema para todos aquellos que se relacionen con él y quieran seguirlo haciendo, pues han de dejar de "comer tortilla española, callos a la madrileña, bollos preñaos, percebes y nécoras,  paella y demás viandas españolas" (no es una analogía tan traída por los pelos como pudiera parecer a tenor de las estupideces que los independistas  dicen respecto a  Machado, Garcilaso, Cervantes, Quevedo,etc., y que ya se ha trducido en un primer paso en plantearse su presencia en los callejeros de algunas poblaciones catalanas, anticipo sin duda de su expulsión de las aulas, para que en su educación no tengan los estudiantes catalanes que "tragarse" sus "españolistas" obras) De modo que, por poner un ejemplo,  en una familia donde haya un joven independentista radical, al final los padres si quieren seguir comiendo con su hijo los domingos habrań de comer sólo platos catalanes (opción A) y abandonar así la sacrosanta paella dominical so pena de quedarse solos (opción C). 

Dicho con otras palabras, la opción C es el recurso al conflicto y la ruptura social de todo tipo (a nivel familiar, interpersonal, político, etc.), la opción A es ser nacionalista independista y la B es ser nacionalista moderado. Las preferencias fuertes minoritarias de los independentistas se han impuesto a las preferencias débiles de los (mayoritarios) nacionalistas moderados dando lugar a un  comportamiento de la sociedad catalana que ha avalado en la práctica de los hechos al "procés" muy por encima de la preferencia de la mayoría de los catalanes por la independencia. 

Y un último punto. Y es la cuestión del referéndum de independencia. Aquí la implicación de la Ley de las Minorías Intransigentes es obvia e inmediata. La única manera de que las preferencias de la mayoría se manifiesten claramente y de lugar a un comportamiento consistente con arreglo a la Ley de la Mayoría democrática es  realizarlo. La elección clara entre DOS opciones A y B exclusivamente, la elección entre la independencia de o la participación en España, es la única forma de superar el efecto de la Ley de la Minoría Intransigente pues es una votación secreta  que al dejar de lado la opción C, permitirá que la opción mayoritaria real en la sociedad catalana se imponga sin el efecto (algunos dirían que "chantaje") que supone la existencia de la opción C sobre la que la Ley de las Minorías se funda.

Un referéndum, por otro lado, que planteara la independencia de Cataluña respecto de España como un divorcio -por seguir un símil fácilmente comprensible-, pero no como un divorcio "por mutuo acuerdo", como parecen vender los independentistas, sino como un divorcio "a cara de perro", como suelen ser los divorcios en la realidad cotidiana.  Un referéndum pues que les exigiese a los nacionalistas moderados el tener que decidirse entre "comer de todo" o sólo "comer vegano" pero no sólo de vez en cuando sino para siempre. Me puedo equivocar,pero tengo la impresión de que en este caso, ante tal opción, sólo los veganos/independentistas radicales aceptarían la apuesta. Sencillamente se me antoja difícil el pensar que por muy tolerante que sea la mayoría de vez en cuando con la minoría, aceptara someterse a sus especiales "gustos" para siempre y en todo momento. Por volver al símil inicial, ¿qué pasaría si en vez de para una fiesta en una fercha determinada, hubiese que plantearse el menú para todos lo días?¿Estaría tan dispuesto el grupo de amigos a transigir con los gustos del colega vegano y comer siempre en ese plan?

En suma creo que permitir un referéndum de independencia  como una opción definitiva y de efectos radicales y permanentes es la estrategia más adecuada para resolver el problema que llevan planteando los independentistas en Cataluña (o en el País Vasco) desde hace ya demasiado tiempo.  No es por tanto nada más políticamente absurdo que la actitud de los partidos "constitucionales" que negarse a permitir ese referéndum. Al así proceder lo único que hacen es darle alas a que la Ley de las Minorías ocupe el papel de la Ley de la Mayoría democrática con los consabidos efectos que todos los ciudadanos de este país padecemos.  
                                                            Fernando Esteve Mora

    

La necesidad de orden y la aplicación del artículo 155 de la Constitución en Cataluña

El mundo biológico ama el orden. Eso es un hecho de fácil observación. Las plantas, los animales, repiten monótonamente sus comportamientos día tras día, mes tras mes, año tras año, con las previsbles variaciones que les prescriben los ciclos climáticos, como el ciclo anual de las estaciones, en algunas zonas. Mírese, si no, por ejemplo,  un rebaño de de cebras pastando en la sabana africana en un reportaje de la 2. Todo el grupo y sus componentes individuales no hacen sino repetir los mismos comportamientos que hicieron el día anterior,  y lo mismo pasaría con un cardumen de peces o una bandada de aves.

De vez en cuando, no obstante, el caos se apodera de las vidas de los seres vivos e irrumpe, desarticulándola, esa monotonía repetiva. Se trata de un caos "no deseado", "no querido", pues es costoso. Una leona, un depredador aparece. De repente, todo cambia, el miedo a la muerte o el instinto de supervivencia desata una serie de movimientos más o menos alocados y desordenados en todos mientras tratan de escapar de la amenaza de ser cazados...pero tras un breve periodo que puede no durar más de unos breves segundos en que el pánico y el movimiento se ha apoderado de todos, la tranquilidad y el orden vuelven. La rutina se impone, las cebras retornan a sus monótonas actividades casi instantáneamente (por eso no tienen úlceras, decía el biólogo Robert Sapolsky en un maravilloso libro con el mismo título). La leona, también, vuelve a su monotonía de animal depredador que la lleva a estar tumbada mientras nadie invada su territorio o el hambre y la sed disparen sus "instintos". Todo, pues, vuelve a su aburrido y económico devenir. Nadie en la Naturaleza desgasta energía inútilmente excepto los jóvenes en época de celo, pures ello pone en riesgo la supervivencia. La diversidad del  mundo biológico, que tanto nos asombra, no es sino la variopinta expresión de un  principio físico universal: el principio económico de conservación de la energía. Sólo las muertes y los nacimientos interrumpen brevemente el orden, la cansina repetición de pautas, en el mundo de los animales y las plantas.

Los hombres son animales, pero algo más. Y ese algo más creo que se puede situar en el atractivo que el desorden, el caos deseado, querido, pese a sus costes, tiene de vez en cuando sobre sus vidas. "Atractivo" que resulta de su desapego al aburrimiento, a la monotonía. Eso es su "alma". Por supuesto que ese "atractivo", ese "gusto" por el desorden, en la medida que es costoso, no todos y en todo momento se lo pueden permitir, se lo pueden financiar, aunque, como "especie", los humanos hemos sido capaces de conseguir en nuestras actividades productivas un excedente que podemos derrochar si así nos place....y nos suele "placer" con mucha frecuencia tanto a nivel individual como colectivo.  Una vida repetitiva al extremo, aburrida hasta el infinito sería -como se dice- como "estar muerto en vida". Por eso, para los hombres, la pérdida de la libertad, el encarcelamiento es un castigo. Para un animal estar en una "jaula", en una prisión,  no le reporta ningún castigo siempre que satisfaga sus necesidades biológicas, incluidas las de andar y moverse. Los zoológicos  modernos creo que son por ello espacios perfectamente vivibles para los animales, y por ello, pueden hacer todas sus funciones biológicas en ellos. No sucede lo mismo para los humanos. Una carcel, incluso tan bien dotada como se dice que lo está la de Soto del Real, aunque sea una jaula de oro, no deja de ser una odiosa cárcel. 

La fiesta, los carnavales, la orgía, las revoluciones, los excesos de todo tipo, los deportes, las guerras, la locura, las rupturas con la monotonía, el caos porque sí, porque es divertido, los comportamientos arriesgados, ...son lo humano por excelencia. (Véase esta antigua entrada a la hora de explicar las fiestas y sus derroches https://www.rankia.com/blog/oikonomia/428794-fiestas-derroche-economia. ) No hay nada peor, por ello, que ser aburrido y aburriente. Es ser, auténticamente, sólo un animal.

Pero,también,  aunque no lo seamos enteramente,  somos animales. Ello quiere decir que, como cualesquiera otro ser vivo, tampoco podemos vivir una vida sin orden ni control. Y de ahí la necesidad del poder. El poder es el mecanismo mediante el cual los humanos vuelven a instaurarse el orden en sus vidas como les prescribe la naturaleza tras un periodo orgiástico, descontrolado, divertido al extremo. Hace años ví con mis propios ojos cómo una niña de cuatro años, metida en la vorágine del juego y el descontrol tan característico de esa edad, en las que los retoños de los humanos no saben cómo parar, más que cansada estaba ya agotada, pero como no podía dejar de jugar, de divertirse, como carecía de la capacidad para controlarse,  requería entre lágrimas  a su madre para que usara de su autoridad, llegándole a echarle  en cara que no la "castigara", y la obligase o forzarse a retornar a la monotonía del lavarse los dientes e irse a la cama., 

 Las revoluciones  devoran a sus propios hijos. Tras toda revuelta viene luego la calma, la contrarrevolución y la restauración del orden. Todas las revoluciones acaban fracasando, pues, como decía Goethe, los hombres acaban prefiriendo el orden a la injusticia. Y acaban pidiendo que se reinstaure el orden que les permita vivir sus vidas biológicas de cebras y leones.

Nada más esencialmente humano, entonces, y, a la vez, tan antinatural, que aquella idea de la revolución permanente que enarbolara Leon Trotsky o también la inquietud revolucionaria que encarnaba Ernesto "Che" Guevara y le llevó  desde un despacho de La Habana a morir en una montañosa quebrada en Bolivia. 

En estos días está sucediendo o ha sucedido una suerte de revuelta-fiesta en Barcelona y en toda Cataluña. La "fiesta" de la independencia. Una fiesta revolucionaria que, como toda fiesta que se precie, es colectiva y  conlleva una alteración del orden público y social. Los independentistas han tenido un éxito claro en las calles arrastrando a sus  ilusiones  rupturistas con el orden político establecido no sólo a los jóvenes, que son quienes biológicamente están más capacitados para aguantar el caos pues sus máquinas corporales son eficientes, sino también a multitud de viejos que, en la medida de sus magras posibilidades físicas, también se han "echado a la calle" para disfrutar de los últimos retazos de vida auténticamente humana, es decir, festiva o descontrolada que les quedan (convencidos, eso sí, de que sus pensiones están garantizadas). Y, como era de esperar, se han sumado a ella los más ricos, aquellos que más se aburren en sus vidas cotidianas tan bien cubiertas de las amenazas de los "depredadores" económicos y financieros (por ello es incomprensible el que haya sedicentes izquierdistas en Podemos y agrupaciones políticas similares -la CUP, los "Comunes" y demás- que se hayan metido en esa "fiesta" que tan sólo lo es para los más pudientes).

Sí, tan fuerte puede ser el atractivo del desorden....al menos durante un tiempo. Pero, me da que,  la necesidad biológica, natural, físico-matemática, de orden se irá  imponiendo, incluso entre los más "juerguistas" de entre los independentistas. Y ya se han ido oyendo peticiones de que el poder interviniera restaurándolo, de modo que las gentes puedan volver a sus quehaceres monótonos, habituales y privados. Tengo para mí que muchos de los catalanes rebeldes, como en el caso de la hija de mi amiga, en el fondo de sus cuerpos (y, ¡quién sabe!, quizás también de sus almas) estaban ya deseando que el Estado aplicase el 155, que la fiesta acabase ya. ¡Demasiado tiempo de descontrol, ya! No que la "fiesta" de la independenci acabe para siempre, no...pero como con pasa con toda otra fiesta popular, habría llegado el momento de dejarla... hasta el año que viene. 

ADDENDA: Veo en EL PAÍS de hoy (31/9/2017) la siguiente viñeta de EL ROTO. Va como anillo al dedo al texto anteriorEl Roto