lunes, 31 de octubre de 2016

Cultura y crecimiento económico. ¿eran nuestros iletrados antepasados unos brutos?

En la fachada norte de la iglesia de Santa Maria del Rey de Atienza, se abre (es un decir, pues está cerrada siempre) una puerta construida en la primera mitad del siglo XII. Esta  muy deteriorada tanto por el paso del  Tiempo como  por el tiempo metereológico que solía darse en esta zona de Castilla, antes que los efectos del cambio climático se pusieran de manifiesto. No obstante, aún pueden "leerse" aunque con dificultades las dos incripciones que hay en su arco. La una en latín, dice así: IN NOMINE DOMINI IESU X(P1)BITUR (BENEDICITUR) IN ERA MILESIMA CL DOMO ECCLESIE SANTA MARIA VOICA (VOCIGATA)… FUIT IN EODEM TEM­PORE ENIE REX ALFOS DE ARAGONE… MP (ERANS) IN CAST (ELLA). Nada extraño hay en ella, pues.Es un texto acerca de cuándo se erigió la iglesia..

La otra inscripción, por contra, es de lo más raro, o al menos así se me antoja, pues está escrita en árabe. Y reza lo siguiente: "La permanencia es de Allah". Ahi va la imagen de estas dos inscripciones
 
Y digo que es de lo más raro esta segunda inscripción, porque no parece "normal" que en la entrada de una iglesia cristiana de aquella época, en plena "reconquista" como se decía antes,  haya un texto en árabe. un texto que, además, proclama uno de los atributos de Dios, tal y como aparecen no en la Biblia sino en El Corán.

(La existencia de esta inscripción en árabe señala la importancia de la población mudéjar o bien también (pues no es excluyente esta otra explicación) la existencia de una mezcla de religiones en aquellos siglos y en esa zona, de lo cual es por otro lado testimonio maravilloso la arquitectura de la cercana ermita/mezquita de san Baudelio de Berlanga, la Capilla Sixtina del románico español, tal como así la califica José Jimenez Lozano en su Guía Espiritual de Castilla, si bien para acercarse a su contemplación real haya hoy más bien que irse a Estados Unidos, tras la eternamente vergonzante venta que los lugareños de Caltojar, el  pueblo donde está situada la ermita, hicieran de sus frescos a Simon Leví allá por los años veinte del siglo pasado con la aquiescencia y complacencia interesada del obispado de Sigüenza, el cura del pueblo y otras gentuzas de semejante tenor) 

La inscripción en árabe se las trae, si se piensda un poco. Eso de que la permanencia es de Dios es un "texto" o mejor, un aforismo  teológico de lo más complejo, pues obliga a pensar en dios no como un mago de luengas barbas o como un señor feudal, que sería lo propio para la época, sino como un ente abstracto que coincide con la noción de infinito. esa noción tan abstracta y difícil de aprehender que está en la base de la especulación teológica y matemática. Por decirlo en una palabra, la inscripción es una afirmación que requiere cierta sutileza o capacidad intelectual...y es el texto que está en la entrada de un pueblo perdido de Guadalajara. Dado que es más que descabellado pensar el que estuviera destinada a alguna colectividad de teológos musulmanes que hubiera por ersos pagos, sólo qyeda la opción de pensar que pueda estar destinada a las gentes del lugar. Y si es así, ello plantea una pregunta adicional:  ¿será que los lugareños de Atienza en aquella época no eran tan brutos o cortos de talla iontelectual como solemos pensar? 

Y es que solemos pensar mal de las capacidades intelectuales de nuestros antecesores. El pasado, como suele decirse, es un país muy lejano, pero además de lejano lo pensamos o sabemos claramente subdesarrollado económicamente, de lo que extraemos la conclusión de que, consecuentemente, sus habitantes son (o tuvieron que ser) incultos y simples. Si no, ¿cómo es que eran tan pobres?

En efecto, la Economía ha dado por sentado que nuestros antecesesores eran unos brutos iletrados, pues mantiene  que la cultura o la educación les era ajena en su mayoría (siempre, obviamente hubo algunas escasas excepciones que confirmarían la regla de la predominancia de una estulticia generalizada de las pasadas épocas).

Son dos las razones que avalan semejante presunción. Por un lado se tiene que, como bien de consumo, la cultura o la educación, es un bien normal o, incluso, de lujo. es decir, un bien que sólo se puede adquirir si uno tiene bastante o mucha renta (o si se proporciona gratuitamente gracias al Estado del Bienestar). La implicación de esta argumentación sería obvia: los pobres no "compran" cultura. Y menos, claro está, lo harían en un siglo como el XII, o en general en cualquier época pasada antes de finales del siglo XIX, cuando el crecimiento de la renta per capita significó que las masas urbanas pudieran permitirse comprar o acceder a los productos culturales a la vez que desde el sector público se sumistrase, más o menos gratuitamente, como bien público sufragado mediante impuestos generales. 

Y el argumento anterior se refuerza si se mira la educación o la cultura como bien de inversión. pues hoy se presupone que la inversión en educación, en capital huimano, es una de las condiciones necesarias para el crecimiento económico, de donde se suele seguir, razonando a la inversa lo cual por cierto no es nada razonable, que donde no hay crecimiento, no ha habido inversión en educación, no se ha acumulado capital humano en la medida exigida para que se haya desencadenado  el proceso de  económico. Se dice así que hubo que esperar hasta los siglos XVIII y XIX para qiue el moderno crecimiento económico despegase, tras el proceso de difusión de los avances de la revolución científica y la paulatina cilturalización/civilización de las sociedades.

Pero el hecho de la inscripción en la iglesia de Atienza. Y, con él, otros hechos igualmente tozudos. Por ejemplo, están las maravillosas iglesias y catedrales medievales ya sean románicas o góticas. Incluso para los economistas académicos, cuya sola idea del pasado es la que les proporcionan las cifras de Angus Madison, la existencia de esas maravillosas edificaciones les suponen un pequeño problema. ¿Cómo es que poblaciones escasas, pobres e incultas, siempre al borde la muerte por inanición, tuvieron el "pronto" de dedicar ingentes cantidades de sus más que escasos recursos a unas obras monumentales tan estúpidas, por económicamente inservibles, como son esas catedrales que todavía hoy nos sobrecogen, calman, extasían o alucinan?  

Hace unos años, tuvo cierto éxito una película romántica titulada Shakespeare in love  En ella, fuera de la novelesca peripecia amorosa que se le hacía vivir a Shakespeare, se reflejaba la puesta en escena de su Romeo y Julieta en el teatro The Globe (cuya reconstrucción puede verse hoy en la orilla sur del Támesis). Lo más sorprendente, para nuestras mentes modernas tan educadas en opinión de los economistas, es que  Romeo y Julieta se representó, no sólo en la película, sino realmente en una -digamos- "taberna-teatro" como lo hicieron muchas más obras de Shakespeare (así como muchas de las de Lope de Vega y Calderón, lo hacían en "corrales de comedias" muy semejantes al Globe). Dicho con otras palabras, eran obras que  estaban hechas para los oidos de la gente del pueblo, del pobre y ineducado pueblo bajo de la epoca.

Pero, ¿y hoy? Una cosa es saber leer, lo que hoy lo sabe todo el mundo, y otra cosa es "saber" entender. Y, no sé, pero me da que ni siquiera una obra relativamente fácil como Romeo y Julieta sería comprendida en su integridad (ni aguantada)  por la mayoría de la población. Simplemente esa educada población que tanto capital humano ha adquirido y acumulado, por usar de la pomposa jerga económica, carece de la agudeza intelectual para seguir no sólo la trama sino el lenguaje de esa obra, por no hablar de otras más complejas del mismo Shakespeare o de autores como él, por no hablar de las de los clásicos griegos o latinos. No es nada extraño. Es un hecho, reconocido por los lingüístas, que los lenguajes modernos son mucho más simples o sencillos que los de antes, que con el curso de los siglos se ha producido una paulatina pérdida de vocabulartio y complejidad sintáctica. La implicación es obvia: en la medida en que pensamos con el lenguaje, la pérdida moderna de las capacidades lingüísticas de las gentes refleja una clara pérdida de sutileza mental. 

Y los ejemplos de estas "pàradojas" podrían multiplicarse sin cuento. Por un lado, le hacen a uno más modesto a la hora de evaluar las creaciones y conquistas del mundo moderno, que obviamente las hay y muy valiosas (fundamentalemente en el terreno de la medicina), y por otro, me hacen cuestionarme la pomposa presunción de los economistas a la hora de suponer que su forma de ver el mundo se aplica a todas las sociedades y en todos los tiempos. Si nuestros antecesores no eran esos brutos redomados que les considera la moderna "teoría del capital humano", ¿no será que eran diferentes a nosotros? ¿que no se movían únicamente por la persecución de los más simples objetivos materiales u económicos como parece que nos guían hoy a los modernos habitantes del mundo? 

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